viernes, 22 de noviembre de 2013

Congreso Iberoamericano de Cultura

Esto que se ve es el stand de Anillos de Saturno en en CAT (Centro de Arte y Tecnología) de Zaragoza.  Hasta aquí hemos llegado a presentar el proyecto Mediomundo que, por supuesto, está causando sensación. Aquí, Pedro Terán, de Experiencia Sidimic en Comunidad quechua, finalista del concurso Emprende con Cultura, y Diego Torres, del Ayuntamiento de Zaragoza, celebran la iniciativa del CCPE para la Aecid. Además, hasta el 1 de diciembre sigue aquí la  muestra del Paraná que, todo indica, se montará en febrero en la Casa América de Catalunya. Y en un rato, en este mismo viernes, expondrá la ministra de Innovación y cultura de la provincia, Chiqui González en la mesa "TV Digital. Un escenario de oportunidades para la cultura". Y Daniela Bobbio, directora del España-Córdoba, sobre "Anilla Cultural, Nueva ágora internacional para la acción cultural contemporánea", e Indira Montoya sobre "Hipermédula, nuevas formas de conocer y crear cultura". Ahora, ahora mismo, se explaya en el Auditorio Hugh Forrest, con aspecto de predicador norteamericano -en este caso, su prédica está dirigida a las Tendencias digitales y su impacto en el mundo de la cultura. Un detalle de la organización: a los expositores les dan quince minutos de prédica. Cuando faltan cinco, suena un campanazo y empieza a correr, a la vista de todos, un reloj en cuenta regresiva. Y cuando el reloj llega a cero, al expositor o predicador le cortan el micrófono. No sólo de este modo se garantizan los tiempos del Congreso sino que, además, se le agrega a la exposición una cuota de dramatismo que en la mayoría de los casos no tendría de otro modo.

martes, 12 de noviembre de 2013

Una plegaria por poesia.com

En una reseña publicada recientemente sobre la antología 30.30. Poesía argentina del siglo XXI, Malena Rey anota que “una presencia insistente en toda esta reunión de poemas –se trate de quien se trate– es Internet. Es esto lo que marca un corte claro con la generación anterior, la llamada “poesía de los noventa”. En “la poesía del 2000” (década en la que empezaron a publicar muchos de los poetas aquí seleccionados) se pueden rastrear las marcas de la conectividad tanto en la omnipresencia de los blogs desde los que se dan a conocer muchos poetas, como en la posibilidad de editar sus poemarios de forma digital, pero también en un léxico que considera las formas de relacionarse mediadas por la web, con términos y prácticas que se tematizan y entran a los poemas por su propio peso.”

Toda revolución en poesía, escribió T.S.Eliot, supone una vuelta al habla común y por lo tanto, una renovación de diccionarios. Los románticos ingleses (los “poetas de los lagos” de los que hablaba Thomas de Quincey) y toda la vanguardia histórica de principios del siglo XX asientan, en efecto, claro que no toda, pero sí buena parte de su novedad en esa revolución léxica porque la misma es, a su vez, una revolución del mundo representado.
En el caso de la red, y como bien señala Rey, el asunto no sólo interesa de manera directa a las palabras, su uso y su representación, sino también a los nuevos modos de circulación de poemas, de libros de poemas, de soporte de esos libros, y de presentación de los poetas en sociedad. En ese sentido, la verdadera revolución ha sucedido y está sucediendo en páginas y en blogs en las que cualquiera sin necesidad de identificarse ni de pedir permiso de ingreso, que es la incómoda restricción de facebook – puede ver qué está escribiendo o, aún, qué está leyendo tal o cual poeta o crítico de poesía. Claro está, entre aquellos que han decidido someterse al imperio de la red.

De entre todos ellos, una recomendación y una nostalgia. La recomendación, el sitio dirigido por Alberto Giordano, Jorge Monteleone y Miguel Dalmaroni: Lector común. Si bien se trata de un sitio de crítica y ensayo literarios, muchos de los objetos de estudios de los mentores de la página como de sus invitados atañen directamente al género, como todos los ensayos publicados por Ana Porrúa. La nostalgia: poesia.com. Contrariamente al sentido común que le atribuye a la red, casi por definición, sentidos parejos de frescura, futuro y novedad, la misma ya fue creando sus propios anticuerpos: sus mitos. Sus sitios que ya no están. De todos, elevemos una plegaria por poesía.com. Por sus animaciones (eso parecía venido de otro mundo!). Por las voces de los poetas que conocimos a su través. Por los libros, en la pre-historia del e-book. Por el servicio de “el poema del día” que recibíamos, cada mañana, como noticia y novedad.

(esto es un anticipo del próximo número de Los anillos de Saturno, desde la semana que viene en la red).  




jueves, 7 de noviembre de 2013

Patrimonio subacuático

Sí, como dicen los diarios, en 5000 años el derretimiento de los hielos polares provocará la desaparición de nuestra ciudad bajo las aguas -también de otras y aún: de países, pero quedémonos en casa por un momento- todo esto que se ve (y de lo que se ve, lo que dure) adquirirá un nuevo carácter, ya previsto por los funcionarios de la Unesco. Será, para los turistas culturales del futuro -buzos, hombres-rana, sirenas- una enorme plataforma cultural subacuática: rastros de nuestra existencia sumergidos bajo el agua. Nadarán unos por los túneles del Centro cultural, convertidos en un rígido laberinto, y el guía, no sabemos si por lenguaje de señas o por telepatía, le dirá a su contingente: "acá, si acá, exponían cuadros de Juan Grela, y de Juan Pablo Renzi". Entrarán después a las aguas turbias bajo las cuales estará sepultado el Príncipe de Asturias y ese mismo guía: "acá, sobre estas maderas podridas que fueran una vez un escenario, tocó Paco de Lucía y actuó Antonia San Juan". Saldrán por la puerta del fondo del escenario, convertida en un romántico y sentimental arco subacuático, sus paredes cubiertas de un musgo que se interpretará erróneamente eterno, e ingresarán en un enorme canal marrón, las aguas sucias de arena y de tallos podridos: "y esto fue una vez un río, el Paraná, y sobre sus aguas navegó el Crucero Paraguay y sobre su cubierta se bocetaron las ideas que más tarde se plasmaron en un libro, Paraná Ra'anga, del cual aun hoy puede contemplarse -como una biblia, como una devoción- un ejemplar en la biblioteca de las Tierras Secas". Y los turistas culturales, por señas o por telepatía, dirán "oooohhh". Y luego se subirán a un simpático taxi submarino que los llevará a conocer las ruinas -patrimoniales también- de los tubos del Macro.