lunes, 21 de octubre de 2013

Poetas y cronistas

Acá está el resumen de prensa del Festival de Poesía, edición 2013.

Y acá la nota que salió ayer en  Perfil y que no pudimos todavía cargar en la página.

Pero además:
aca, en el blog de Fabricio Estrada, una crónica sobre su visita a Rosario, su viaje conversado con Nora Cortiñas, Abuela de Plaza de Mayo

y acá las "apreciaciones" de Carlos Godoy, también escritas luego de su viaje a Rosario. 

Y acá (es decir, acá mismo, sin subrayados), otra noticia impactante:

que ya está en prensa el Transatlántico 16, preparado por Nora Avaro, con sumario armado con textos de autores españoles cuyo objeto es la ciudad de Rosario.

Federico Rahola, en 1903, escribía así:

"Muy interesante fue la excursión que hicimos por el río, en el vaporcito Zolezzi, para formar concepto de la grandiosidad e importancia del futuro puerto. Nos fijamos en la facilidad con que se cargan ya actualmente los vapores: las líneas férreas corren a lo largo de la barranca, estando situadas las estaciones y los almacenes de carga al borde mismo de la barranca. Desde allí, por medio de simples canaletas que van a parar a las bodegas de los buques, en pocas horas se carga un vapor de trigo.
El proyectado puerto, cuyas obras han comenzado ya, tiende a aprovechar los grandes elementos naturales que ofrece el río y sacar partido de los muelles construidos. En el centro del río aparece una isla arenosa, formada a causa de un buque varado, que será el abrigo del venidero puerto. Siempre allí donde vara un vapor y queda hundido en la arena, surge por ensalmo una isla."




Y Jordi Carrión, un siglo más tarde, así:

Hace un par de años, aprovechando una visita a Buenos Aires, me escapé veinticuatro horas a la Chicago argentina. Para mi sorpresa, mi corazón mantuvo las pulsaciones habituales en las librerías Ross y El Ateneo, en la esquina de Italia con Córdoba y en la estación de autocares rodeada de
telos; pero se me desbocó frente al río marrón. La primera vez que lo vi me pareció extremadamente feo. Ese color de tierra sucia. Ese charco en movimiento. Pero me fui dando cuenta de su belleza. Una belleza continua, que se desliza constantemente como la cinta transportadora de los aeropuertos, pero que se activa con el poder anacrónico de los barcos. El casi silencio de esos barcos cargueros recuerda el ruido amortiguado de los discos duros. Tú escribes en el teclado, letras como éstas van apareciendo en la pantalla y ahí, al fondo, como una letanía, como un kadish, suenan las entrañas del ordenador, su digestión de tu memoria. Las islas están ahí, al fondo, como testigos de
la ciudad alejandrina. En segundo plano. Tal vez ean así los grandes rosarinos, al menos los que yo llegué a conocer.





No hay comentarios:

Publicar un comentario