lunes, 13 de mayo de 2013

La barcaza de Llinás

Viajamos la semana pasada a Asunción, a presentar el libro de la Expedición fluvial. De la presentación participó Milda Rivarola ("todo viaje se dirige al corazón de las tinieblas") y entre el público estaban Mito Sequera, quien recordó una conversación mantenida a bordo con Daniel García sobre unas crónicas publicadas en algunos diarios paraguayos de los años 60 en las que unos pobladores de la zona -después de una matanza de la dictadura- hablaban de cuerpos flotando en el río "como boyas" (de donde habría surgido, sugiere Mito, el título y el concepto de la serie de Daniel "Casi boyitas", expuesta actualmente en Buenos Aires) y Bartomeu Meliá, quien habló de la misa celebrada en la bodega del barco para parte de la tripulación paraguaya que, decía Bartomeu, "sacaba santos de todas partes" y de los expedicionarios ("no fue la primera vez que di misa para tantos ateos"). Esa misma mañana habíamos estado en el puerto, con la esperanza, finalmente frustrada, de ver amarrado el imponente Crucero Paraguay.
De vuelta en Buenos Aires, pasamos por una galería de arte para ver "Río Paraná", la obra de Llinás y Soledad Rodríguez, que habia formado parte previamente de la exposición de la Expedición. En una cámara oscura, sentados en un sofá, veíamos el final de la obra, cuando se va haciendo de día y la cámara emproa hacia Asunción. Así estábamos, en un estado de ensoñación -veníamos de Asunción y la película nos devolvía al mismo lugar, unas horas más tarde- cuando un señor, de aspecto porteño old fashioned -blazer, mocasines, una melena límpida tupida y plateada como, por ejemplo, la de Tabaré Vázquez-, se acomodó a nuestro lado, pero de pie. Tal vez el hombre tuviese cierta importancia o destaque en el mundo del arte, pues no pasaron dos minutos desde su irrupción para que apareciese para celebrarlo la dueña de la galería. La mujer se propuso explicarle al visitante la obra expuesta. Y cuando vio que había otro ser humano en el horizonte de su mirada, lo incorporó a la explicación. Dijo que en los años 1500 (o 1600, no recordaba bien) los conquistadores habían navegado el Paraná río arriba. Y que a Llinás "se le había ocurrido" realizar esa misma travesía, unos siglos más tarde. Y que entonces "se subió a una barcaza", plantó una cámara ("de muy buena calidad, como todas las que usa Llinás") y filmó el río. Y que eso que estábamos viendo era un montaje de cuatro horas de "todo el viaje" filmado por Llinás.
Podemos aceptar todas las imprecisiones, aun las que nos dolieron en el corazón -después de todo, no nos estaba dirigidas sino por azar o, mejor, por extensión- pero no podemos aceptar que se llame "barcaza" al dignísimo Crucero Paraguay. En todo caso y como prueba, este registro de su comedor:


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