martes, 9 de octubre de 2012

Caballero y Frittegotto se van al campo

El viernes inauguramos la exposición de Gerardo Caballero y Gustavo Frittegotto, Paisajes enlazados. Como dijimos esa misma noche, si alguien nos hubiera preguntado qué título le pondríamos nosotros a esa exposición -claro, nadie tiene que preguntarnos semejante cosa: es sólo una especulación...-, nosotros, recordando ese hermoso poema de Arturo Fruttero que se llama "Fruttero se va al campo", le hubiésemos puesto "Caballero y Frittegotto se van al campo". O tal vez, para complejizar la relación, "Caballero y Frittegotto vuelven al campo". Les proponemos lo siguiente: que lean el poema, que transcribimos aquí abajo, y que vengan a ver la muestra. Y después nos dicen.

"Fruttero se va al campo".
Se va con Sastre, Platón y la teoría de la relatividad, con las
investigaciones de Sommerfeld sobre los rayos espectrales
y los estudios de Sir Jadadish Chandra Bose
sobre el mecanismo nervioso de las plantas.
Se va con Whitman, se va con Hegel, se va con Montaigne.
Le acompañan el libro tibetano de los muertos, más conocido
por el Bardo Thodol, como asimismo el libro egipciano
de los muertos, junto con una gramática egipciana.
A un lado van Espina, Salinas, Cernuda, Diego, Guillen y Aleixandre.
En su corazón lleva a Negrita y en centro del pecho a Camarasa
Se va acordándose de Martíni, de Romero y de otros amigos que lo amaron.
Santa Teresa le vela, Santa Catalina le ilumina, San Juan de la Cruz le canta.
Atrás quedan la génesis de los organismos de Hertroig y las teorías culturales //de Frobenius.
Lleva a ese loco lindo de Marx, precedido por Feuerbach, y
//Seguido por Engels, Lenin y Stalin, y un paso más atrás el réprobo de León.
Va de “La Recherche du Temps Perdu”, para no olvidar el clima de invernadero //de Marcelo,
y trascurrida la odisea de “Ulysses” proseguirá con el paseo del desatado de //Finnengan.
Como ilustraciones lleva al Gineceo Rouveyre, a Spilimbergo,
a Van Gogh, siempre buen amigo, y a Fra Angélico;
también lleva al viejo Brueghel y a van der Delft; a Carpaccio y a Meng.
No olvidará a Girondo; ni a Neruda, el más grande poeta
chileno, ni a Huidobro, el más grande poeta chileno; ni a
Gabriela, el más grande poeta chileno.
En sus soliloquios se acompañará con las teorías del agua
pesada y la hipótesis tripartita acerca de la expansión del universo.
Lleva una fotografía del Museo Juan B. Castagnino, pues no podría llevarse al //Museo consigo,
Y como no puede robarla, tratará de conseguir la plaqueta de la Donación //Castagnino.
En un termo lleva agua del Paraná a fin de saborear la temperatura exacta de //su río
y en una caja un trozo de asfalto para auscultar el perfume exacto de su ciudad.
Se va al campo con el bizantismo de Husserl, siempre edificante,
Y los melodramas de Heidegger, siempre regocijantes.
Una edición de Manava-Dharna-Sastra y un ejemplar del Corán irán colocados a //su lado.
Adelante irán la Biblia y los Discursos de Buda,
Principe de Kapilavastu, Siddartha Gautama.
Dejará un lugar para un arabista insigne, Miguel Asín Palacios,
Y otro lugar para fray Bernardino de Sahagún, con quien
desea estrechar amistad a propósito de sus memorias sobre el Antiguo México.
Llevará la Endocrinología de Pende para las disfunciones humorales,
y algún diccionario vitamínico para las alternativas de la dieta.
Bueno es que lleve a Pareto para estudiar la sociología del agro,
Y a Simmel para la sociología más íntima de la persona.
Como antídoto de soledades lleva los poemas de Fausto
Y puesto a la defensa contra la angustia, la lírica honda de Sabat.
Una escultura de Paino le hablará sobre la elocuencia del volumen,
Y una muñeca de chala, regalo de Leticia, bailará a lo largo
de su viaje, en vilo de la gracia alada que la animó a la vida.
Cuadros de amigos no lleva, pero sí algunos libros dedicados.
Muchos amigos sí deja, empero él se aleja alegrado.
Se va con Fulano, Zutano y Mengano.
Se va con todos, con etcétera, etcétera.
Ha adivinado un secreto
Y con su secreto
Se va

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