viernes, 9 de marzo de 2012

Suerte que viniste, Moya

A la salida del trabajo, encuentro fortuito con amigos lectores. Uno lleva bajo el brazo La rambla paralela, de Fernando Vallejo, porque está por viajar a Barcelona. Otra, Museo del chisme, de Edgardo Cozarinsky que, dice, se lo sacó medio de prepo a una alumna después de un examen, sólo porque la asaltaron muchas ganas de leerlo. Nosotros, con una pila de libros de Rey Rosa y de Castellanos Moya, porque los recibimos la semana que viene, primero en la Facultad de Humanidades -Biblioteca Central, viernes, 19 hs- y después, el sábado a la misma hora, en el Museo de la Memoria. Hermoso momento de relajación, los libros van y vienen, pasan de manos. La que se lleva a la casa el de Cozarinsky se pone a hojear uno de Castellanos Moya, El Asco, y nos dice, leyendo la primera frase del libro. "A este deberías presentarlo así: Suerte que viniste, Moya, tenía mis dudas que vinieras, porque este lugar no le gusta a mucha gente en esta ciudad, hay gente a la que no le gusta para nada este lugar, Moya, por eso no estaba seguro de si vos iba a venir." Linda idea, pero nos ocupa una duda: ¿no será una especie de chiste literario internacional al que nosotros, tan voluntariamente provincianos, desconocemos? ¿Que adonde va Castellanos Moya le dicen "Suerte que viniste, Moya", y el pobre Moya se ve obligado a reconocer en el chiste su obra, a comprender que en esa interminable repetición se esconde un halago? Vamos a hacer así. El viernes, en la Biblioteca Central de la Facultad nosotros le decimos "Suerte que viniste, Moya". Pero ustedes tienen que venir y mirarle la cara. Esta claro que el tipo va a estar obligado a sonreirse, el punto es que les toca a ustedes distinguir si es una sonrisa franca, como si en la broma se le revelara un halago, o es una sonrisa condescendiente de, "uh, otros más a los que se les ocurrió este chiste malísimo".

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