jueves, 31 de marzo de 2011

A apurarse, que cierra el taller de Helder

Viernes 1 de abril a las 20 cierra la inscripción para el Taller de Producción Textual, que coordinará desde mayo D.G.Helder en nuestro Centro cultural

El TPT está dirigido a la formación de escritores o productores textuales en cualquiera de los géneros, subgéneros y especies considerados literarios o que comparten con la literatura su medio de expresión: el texto, la grafía. Los interesados en participar de esta primera etapa experimental del taller deberán presentar un proyecto de escritura de un texto o un conjunto de textos cuyos temas, motivos particulares o marco referencial se relacionen de alguna manera con la estructura material, social o cultural de la ciudad o de su región. El objetivo específico del TPT consiste en favorecer, por medio de una serie de talleres semanales de diferentes materias, las condiciones de elaboración y ejecución de los proyectos en una etapa inicial o avanzada de su desarrollo.

Más información en nuestra página y después nada de "oh, no me enteré".

miércoles, 30 de marzo de 2011

Marsella en Rosario

Es así: hacemos click acá Luego, vemos la entrevista a Nathalie Joly y donde dice Thèâtre de Lenche (Marseille), le ponemos Teatro Príncipe de Asturias, jueves 31, 21.30 hs. Y después venimos para acá.

lunes, 21 de marzo de 2011

Desarrolo local y políticas públicas en la cultura

Ahora mismo, lunes, nueve y media de la mañana, debe estar zarpando -sí, zarpando, van por río, como hay que ir- una delegación de gestores culturales, arqueólogos, historiadores, hasta Puerto Gaboto, a visitar las excavaciones en el fuerte de Sancti Spiritus. A la tarde, en El Cairo. Cine público, una proyección de Carta desde Sancti Spiritus. Mañana a la mañana acá, en Túnel 4, una conferencia pública sobre Desarrollo local y políticas públicas en la cultura. El rol de la cooperación internacional. Vienen Eduard Miralles,una de las estrellas españolas en el selecto firmamento de gestión y cooperación cultural, Gonzalo Carámbula, ex director general del departamento de Cultura de la intendencia de Montevideo, co-autor de las leyes del Fondo Nacional de la Música y del Fondo Nacional de Teatro, Agustín Azkárate, catedrático de arqueología de la Universidad del País Vasco y Chiqui González, que acá (y allá) todos saben quién es, pero como este blog se lee allende todas las fronteras imaginables, informamos: creadora del Tríptico de la infancia, ex secretaria de Cultura de la ciudad de Rosario, actual ministra de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe. ¿Qué creemos? Que va a estar buenísimo. Que van a hablar unos que saben sobre un asunto que nos importa a todos. Como siempre, están invitados.

jueves, 17 de marzo de 2011

Un viaje filosófico

Ayer viajamos a Buenos Aires, a trabajar en la exposición de la Expedición fluvial, que inaugurará en Asunción del Paraguay a fines de octubre de este año, con curaduría de María Teresa Constantín, y en el libro de la expedición (título tentativo: Paraná ra' anga. Un viaje filosófico), que editará Graciela Silvestri, con diseño de Juan Lo Bianco. El equipo da una combinación de inteligencia, compromiso con el trabajo, creatividad y algo que podríamos definir como gracia, que nos envalentona y nos hace prever una exposición y un libro muy acordes con lo que fue la experiencia de la Expedición. Volvimos contentos. Tanto, que no nos importaron ni el mal asado que comimos en la parrilla Río Paraná, después de Baradero -los hemos comido mejores, allí mismo!- ni la larga hora de retraso con la que llegamos a casa luego de tener que sortear el imprevisto piquete de barrio La Flores.

martes, 15 de marzo de 2011

La foto que nos regaló Santillán

El galerista y poeta Armando Raúl Santillán y luego: Guillermo Kuitca, Daniel Scheimberg, Fabián Marcaccio, Luis Frangella, en la Sala de la Pequeña Muestra, Rosario, 1983.

martes, 8 de marzo de 2011

Scheimberg x El Director

El 25 de Mayo, en Córdoba y Dorrego, que no existe más, el Odeón, en Santa Fe y Mitre, que tampoco existe más, el Savoy, en San Lorenzo y San Martín, que existe, modificado, El Cairo, en Santa Fe y Sarmiento, que existe, exageradamente modificado, y, en los trasnoches, otros dos que no existen más: el Santa Rosa, frente a la plaza homónima y El Chaco, en Mitre y Tres de Febrero. Por esos bares, fondas, restoranes, se movía a fines de los años 70 y principios de los 80 Daniel Scheimberg, que vivía en un noveno piso en Mitre y San Lorenzo, estudiaba Filosofía en la Facultad, y organizaba en el Bernardino Rivadavia un ciclo que se llamaba Artistas jóvenes se manifiestan y que fue, para muchisimos novatos de aquellos años, la primera oportunidad de mostrar obra en público. De esos años es su primer manifiesto La desfocalización en función del espacio (1982), refrendado en obra un año después, en una celebrada exposición en la Sala de la Pequeña Muestra, la galería de Armando Raúl Santillán que quedaba en los subsuelos del Pasaje Pam. El manifiesto y la exposición dejaban en claro dos convencimientos del artista que inmediatamente la época iría a poner en cuestión: su fe en las vanguardias como motor de cambio en la historia del arte y la certeza de que perspectiva y teoría del color no habían agotado su posibilidad de movimiento en la historia de la pintura. Con esas convicciones a cuestas, a contracorriente de una época que dura todavía, Scheimberg se fue primero a Buenos Aires, después a San José de Costa Rica y, desde hace unos años, a Buenos Aires nuevamente. Sus obras, que son sus ideas de fuerza, se muestran desde este miércoles en nuestro Centro cultural. Están todos invitados.

viernes, 4 de marzo de 2011

Scheimberg x Vignoli

“Daniel Scheimberg es un pintor que ubica su obra en una intersección de la abstracción y la representación, negociando constantemente entre las dos”, escribe el artista y teórico estadounidense Peter Halley en el prólogo a la tercera edición (aún inédita) de su manifiesto La desfocalización en función del espacio. “Su intento de superar esta polaridad, de crear una dialéctica a partir de este modelo binario que ha definido la clasificación de las imágenes que hacemos a diario, presenta un austero y silencioso desafío a la historiografía del arte”.
Desde mediados o fines de la década del 70, Daniel Scheimberg construye sus espacios pictóricos de un modo comparable a como un novelista construye los universos de sus ficciones, es decir: dominando técnicamente el lenguaje que le permite evocar la presencia de cada objeto, figura o personaje, sin nombrarlo. Y su lenguaje es único.
Lo descubrió a partir de los quince años, desenfocando la vista. Este ejercicio hacía entonces que los contornos ante sus ojos se volvieran borrosos. Luego se dio cuenta de que los conceptos pictóricos tradicionales no son aplicables a la percepción ni a la representación; pensó y aún sostiene que un lenguaje de la pintura adecuado a la realidad de la visión humana de ningún modo es el que establece la concepción renacentista. “En la pintura a partir del Renacimiento hay una contradicción entre las leyes de la perspectiva lineal para representar la forma y las leyes lumínicas de la representación de la luz. De allí nace el claroscuro como una suerte de acuerdo provisorio”. Scheimberg es consciente del problema y lo aborda con otras leyes. Esas leyes no son caprichosas, ni arbitrarias ni meramente teóricas. Antes de formularlas, las investigó empíricamente, primero con sus propios ojos y luego las corroboró en fotografía. Si bien con algunas diferencias —dado que la visión es estereoscópica y la cámara tiene sólo una lente— la foto confirmaba lo que sus ojos habían experimentado. A esta experiencia le siguió brevemente el cine, pero prevaleció su vocación por la pintura, no sólo porque él la considera “un mandato” sino por haber hallado un instrumento adecuado e idóneo para representar su visión. Por medio del spray gun (una pistola de aire similar al aerógrafo) llegó a dominar el sfumato hasta lograr que pareciera que las imágenes de esa otra manera de representar la visión humana —parece otro mundo pero está en éste; sólo hay que mirar para entrar— habían sido exhaladas más que pintadas sobre la tela. En la primera edición de su “manifiesto” La desfocalización en función del espacio, que publicó en 1982, enuncia las leyes ópticas que rigen el campo de lo que él denomina “desfocalización”. Siempre me asombró esta capacidad suya de crear un nombre, como lo hacen los filósofos o los científicos. De hecho Scheimberg es un poco de las dos cosas, además de pintor. El rigor con que piensa su oficio y sus imágenes le debe bastante a su formación en el taller de Juan Grela y en la carrera de Filosofía de la UNR.
También tuvo desde chico un libro de pintura “muy avanzado para la época” donde se explicaba la diferencia entre mezcla óptica aditiva y mezcla pictórica sustractiva. Aprendió así que cuando se mezclan luces los colores “suman” la luz blanca y cuando se mezclan pigmentos, “restan” de ella. Pero luego descubrió que, al desenfocar o desfocalizar la vista, los colores de las superficies opacas comienzan a comportarse como si fueran color luz. Un descubrimiento revolucionario, hecho a temprana edad. Lo formulará mucho después en 1982:

“Lo curioso en la desfocalización radica en que los cuerpos que sólo reflejan luz, cuerpos iluminados por una fuente de energía externa, como son la mayoría de los cuerpos de la realidad, plantas, ropas, personas, etc., se mezclan entre sí formando un pasaje de color entre sus bordes exactamente igual al que se produciría mezclando las luces entre sí. Su mezcla corresponde al círculo cromático aditivo. En un espacio desfocalizado entonces, cuerpos que no son en sí fuentes de luz, se mezclan entre ellos como si lo fuesen”.

Igualmente apasionante es lo que sucede en ese espacio con el sentido. Scheimberg se da por satisfecho cuando un espectador ante un cuadro suyo le pregunta: “¿Qué es?”. Esto significa que sabe que está viendo un objeto, aunque no pueda nombrarlo: “Sabe que ahí hay algo, pero no sabe qué es”. Un grado muy alto de fuera de foco (como el que del período al que pertenecen obras como “Él sabrá/El sabra”) le permite a Scheimberg hacer presente el objeto sin que su contorno sea lo suficientemente preciso para hacerlo reconocible trayendo a la conciencia su nombre. El espectador ve mutar lo que mira en diversos momentos: una vacilación del sentido en el umbral de la palabra que en lo psicológico es la materialización misma de la angustia de la incertidumbre ante la alteridad del otro, y en lo estético busca superar la antinomia “realismo versus abstracción”. En esto último lo respalda —¡y desde su propia generación!— Peter Halley, el fundador de la Nueva Geometría. A pesar de que en los años 80, cuando Halley redefinió la pintura geométrica desde la filosofía y los estudios sociales, Scheimberg aún no lo conocía ni de nombre, ambos artistas comparten una cosmovisión común, a la que se podría calificar de inmanentista. “Me mantengo fiel a la idea de que todo arte, incluyendo lo que llamamos pintura abstracta, tiene una referencia en el mundo exterior y en el mundo de la realidad social”, escribe Halley en Maintain Speed. (Nueva York, D.A.P., 2000, p. 22). “A medida que pasa el tiempo me siento aún más comprometido con el hecho de que las pinturas pueden ser un equivalente gráfico de la experiencia espacial en nuestra sociedad”.
Como uno de los pocos rosarinos geniales, Daniel Scheimberg tuvo la idea correcta en el lugar equivocado. Emigró al extranjero, pero no dio con su lugar. El éxodo y el exilio, el mitzraim, son constantes en la espiritualidad judía en la que Scheimberg arraiga su obra. A la luz del conocimiento místico, el espacio pictórico de los objetos de Scheimberg puede interpretarse como un tiempo: un tiempo de espera ante el misterio de lo aún no revelado. “¿Cuándo se revela esto?” le preguntó una vez un niño al ver uno de sus cuadros. “No recuerdo lo que le respondí, pero lo importante es la pregunta”.

Texto de Beatriz Vignoli, curadora de la exposición Daniel Scheimberg. Pinturas, que inauguramos en Galerías el miércoles 9 a las 20 hs.

A los que preguntan si viene Daniel: ¡claro! ¡cómo no va a venir!

jueves, 3 de marzo de 2011

Scheimberg x Scheimberg

El objeto está por desaparecer

Hay un punto en la representación donde el objeto no es lo que se denomina comúnmente abstracto ni tampoco es figurativo; en este punto de fusión el objeto es las dos cosas y un poco más: es otra cosa.

Fusionar abstracción y figuración no es yuxtaponer o superponer sus formas, sino intercambiar sus dominios, mezclándolos.

La esencia plástica hace que la cosa sea otra cosa de lo que originalmente era.

El objeto está por aparecer o desaparecer a la percepciónparece ser un objeto que estuviera haciéndose o deshaciéndose.

Surge tema en pintura cuando el espectador ha tenido alguna relación anterior con el tipo de formas representadas.

Si no hay experiencia previa con lo representado así se trate de formas naturales ejecutadas con el mayor rigor figurativo, no habrá captación del tema, se captará lo representado como una abstracción; contrariamente, si se ha relacionado previamente con ciertas formas abstractas se reconocerá el tema en su representación.

Es posible pensar una forma abstracta cuya realización interna contenga la propiedad figurativa.

Así como ocurre con el fenómeno de la interacción del color, también se produce una interacción de significados entre las formas.

Una forma con cierta tendencia referencial, por más pequeña que ésta sea, dentro de un área sin significación explícita, expande su propio significado a todo el resto del área,aunque ésta independientemente no signifique nada.

Daniel Scheimberg, 1989
Inauguración: miércoles 9, 20 hs, en Galerías.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Diplomático y bloguero

Sí, mañana, que era ayer, finalmente fue hoy. Y todo lo que nos quedaba por contar de febrero no empezó, como anunciamos, el martes 22 sino el lunes 21, con una cena en casa de Ricardo Ramón, el director del Cceba, a la que fuimos también los directores de los Centros culturales de España en Córdoba -Pancho Marchiaro-, en Santiago de Chile -Hortensia Campanella- y en Rosario. Estaban, además, Pilar -que venía de Córdoba-, el consejero cultural de la Embajada, Manuel Duran, el nuevo coordinador de la OTC en Buenos Aires, José Lorenzo García Baltazar, y, estelarmente, el embajador de España en la Argentina, Rafael Estrella Gutiérrez, diplomático y bloguero, quien nos dio la bienvenida -esto era un poco raro, pues Ricardo, como anfitrión, nos daba la bienvenida a su casa y el Embajador una bienvenida más imprecisa y más incluyente. En fin, y como fuere, una bonita noche, los enormes ventanales de la casa de Ricardo que dejaban ver buena parte de la siempre insidiosa Buenos Aires y adentro, en proporciones parecidas, protocolo, compañerismo y amistad.
El martes a las diez de la mañana, en el ex Padelai y actual sede en obras del Cceba empezó la reunión de los equipos de gestión, programación, administrativos y técnicos de los Centros de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, con pequeña comitiva invitada del Centro de Santiago de Chile. Las conclusiones del Encuentro, que terminó en la sede de Florida el miércoles a media tarde, se darán a conocer -abreviadas, por favor- más adelante y en este mismo boletín.