jueves, 27 de enero de 2011

Madrid, quinta entrega

Fuimos:

a Casa encendida a ver la exposición on&on. Destacadísimas la sala incendiada con piano -Dialogue with absence- de Chiharu Shiota, The Conference, de Gerda-Steiner & Jörg Lenzlinger y palmas totales para Instalación, de Céleste Boursier-Mougenot, un espacio de música incidental. Pancho dice que si puede la trae a Córdoba. En ese caso, sacamos colectivos de Rosario y nos vamos todos para allá. Es un placer que alrededor de un concepto transitadísimo como lo es el de "arte efímero" (después del Palacio de Hielo verdadero, construido por la emperatriz Ana en el invierno de 1739 y que se derritió en marzo de 1740) los curadores Flora Fairbairn y Olivier Varenne hayan podido armar una exposición nueva, alegre y enormemente creativa a la vez.

al Circulo de Bellas Artes a ver la exposición Constelaciones. Walter Benjamin, que traeremos a Rosario en el transcurso de este año. Ya veremos en qué formato y con qué actividades paralelas. El modelo expositivo que eligió El Círculo -diseñado por César Rendueles y Ana Useros- es tan bueno que es irrepetible. Nos esmeraremos para pensar en algo completamente diferente y sin embargo tan persuasivo como lo que hemos visto allá.

al Reina Sofía a ver Atlas. ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?, curada por George Didi-Huberman, que gira alrededor del Atlas Mnemosyne, compuesto por Aby Warburg entre 1924 y 1929 y con lo que Didi-Huberman arma una muestra en la que se cruzan un anónimo romano del 49 d.C. con los impactantes Cuarenta y ocho retratos de Gerhard Ritcher, un Desastre y un Disparate de Goya con los cuadernos de viaje dibujados de Meyer Schapiro, unas flores disecadas de Paul Klee con una fotografía de Florencia intervenida -o montada- por Sol LeWitt, una película -Transmisión- de Harun Farocki con manuscritos de Michaux, Beckett y Benjamin, unos dibujitos de George Grosz con unas fotos nocturnas de Thomas Ruff y el conjunto, que es enorme, no da, como podría esperarse vista la diversidad, un exhibicionista cambalache de recursos y de obras, sino una limpia y compleja reflexión sobre la idea de atlas y de montaje en el arte de los siglos XX y XXI. Desde el lunes 7, el catálogo de la muestra podrá consultarse en nuestra Videoteca.

miércoles, 26 de enero de 2011

Madrid, cuarta entrega

Que de La Tabacalera, subiendo por la Calle del Mesón de Paredes nos fuimos a cenar a la Taberna de Antonio Sánchez, que siendo lunes había abierto solo para nosotros, después de las correspondientes gestiones realizadas por Kike León quien califica como el máximo conocedor de los lugares que verdaderamente vale la pena conocer en Madrid (la Taberna, claro, es uno de ellos). Después de tan extensa jornada llena de palabras como gestión, presupuestos, estudios de público, resultados, programas, proyecto, crisis, cultura, cooperación, porcentajes, capítulo uno, capítulo dos, planes de centro, evaluación, convocatorias abiertas, apoyos, fue un placer sentarse al lado de Miguel Albero a conversar de libros. El autor de Enfermos del libro: breviario personal de bibliopatías propias y ajenas, declaró haber contraído la suya propia estando en Mendoza como cónsul y extrañar, de la Argentina, sus extraordinarias librerías de viejos que en efecto no abundan en Madrid donde se extienden, en cambio, las de catálogo. Después de cenar, nos despedimos todos en un bar de la plaza Tirso de Molina. Los fumadores tomaban su copa en la misma plaza, bajo la lluvia helada, al amparo excluyente del humo de sus cigarros y cigarrillos. Y en un momento dado, ya fue la hora de volver al hotel.

lunes, 24 de enero de 2011

Madrid, tercera entrega

Que a lo largo de ese largo lunes 10 escuchamos a Charo Otegui presentar los presupuestos de acción de la Sociedad Estatal de Acción Cultural, escuchamos a los consejeros culturales en La Paz, Quito y Bogotá contando cómo estaban los proyectos de Centros culturales en cada una de esas ciudades, escuchamos la presentación que hizo David Ruiz Prisuelos del nuevo edificio del Centro cultural en Managua y a nuestro amigo Ricardo Ramón contando la evolución del "proyecto Padelai" en Buenos Aires, mientras que Pancho Marchiaro presentó el portal Hipermedula, plataforma cultural iberoamericana y a propósito de eterogenia, la radio on line del Centro cultural de España en Córdoba, instaló un debate sobre la utilización de la radio como herramienta de comunicación y creación de los Centros culturales. A nosotros nos tocó presentar Los anillos de Saturno, la nueva revista digital y multimedia que estamos haciendo desde este Centro cultural para toda la red -asunto sobre el que ya volveremos en este blog- y cuando ya no dábamos más salimos al duro y lluvioso invierno madrileño, caminamos hasta Moncloa, nos tomamos el metro hasta Embajadores y allí nos esperaba nuestra querida Ángeles Albert para que hiciéramos, todos juntos, un recorrido por el Centro social autogestionado La Tabacalera. Uno de nuestros anfitriones, llamado Jordi, nos hablaba del proyecto sosteniendo entre sus manos un libro de Marx, que no logramos aun saber si era un mensaje que por alguna razón nos estaba dirigido.

miércoles, 19 de enero de 2011

Madrid, segunda entrega

Que en el aula 2 estaba armada la mesa en U, que en la base de la U estaban Carlos Alberdi, Miguel Albero y Pilar Sánchez y en sus largas patas distribuidos todos los directores y directoras y los consejeros y consejeras culturales de las embajadas en La Paz, Quito, La Habana, Bogotá y Caracas y detrás de las patas, en una segunda línea, los equipos técnicos de Madrid que van cambiando según pasan los años y las gestiones pero que se mantienen siempre fieles a un estilo compañero y solidario y como si nos conociéramos desde siempre. Alberdi nos dio la bienvenida, con ese estilo suyo relajado, ameno, informal, como si no hiciera un año que no nos veíamos, como si retomáramos una conversación interrumpida momentáneamente dos días atrás. Todos, igual, atentos, lápiz en mano, libreta abierta, porque de esa conversación amable, no doctrinaria, llevada siempre con la mano derecha volando ligeramente por el aire, un poco como si todo fuese al azar, surge, punzante, un repertorio de ideas que a muchos de nosotros nos gusta escuchar no porque lo compartamos de antemano y nos reconozcamos inertes en él sino porque o bien no lo conocíamos y nos gusta, o no nos gusta pero nos interpela, o lo conocíamos más como una intuición que como un saber o una doctrina. Por ejemplo, después de que Eloísa Pérez Santos presenta el informe final de resultados de los Estudios de Público que hemos hecho en todos los Centros, quedan boyando en el aire algunas bromas en cuanto a que a unos les fue mejor que a otros, si consideramos “mejores” a aquellos Centros de mayor afluencia de público o “peores” a los de menor afluencia, que es algo que puede suceder cuando un estudio cuantitativo no es inmediatamente contextualizado cualitativamente, que no es que no estuviera ese espíritu en el estudio de Eloísa, sino que fuimos nosotros mismos quienes nos dejamos llevar por los números según se iban sucediendo los gráficos de columnas en las pantallas y México parecía estar dándonos a todos los demás una paliza memorable. Entonces Alberdi dice, un poco en voz baja, para quienes quieran oír: “Nosotros no llevamos gente a un espacio, sino que mandamos mensajes a la sociedad. En todo caso, llevamos gente para que transmita ese mensaje”. O también, en otro momento: “Nuestras programaciones tienen que ser el producto de una negociación permanente con nuestro público”. Como no es de los que dicen “apunten esto”, supongo que cada cual habrá anotado en sus libretas lo que mejor le pareció. A nosotros, tomados estos dos apuntes, subrayados, nos dieron ganas de volar de inmediato a Rosario y ponerlos a consideración de nuestro equipo de programación: convertir una idea en una acción y una acción en una política. Pensábamos, en ese mismo momento, que aun faltaba casi un mes para que nos reuniéramos nuevamente en la mesa larga del fondo del Centro cultural el equipo completo y que debíamos comprometernos a mantener viva esa idea durante todo ese tiempo, de modo de poder transmitirla con el mismo calor con el que la recibimos.

lunes, 17 de enero de 2011

Madrid, primera entrega

Que había que estar a las 9 de la mañana del lunes 10 de enero en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe en el número 4 de la avenida Seneca -y no de la avenida Segovia, como habíamos anotado, que por suerte en la calle nos encontramos con David y vino con nosotros pues los organizadores nos dieron el mapa para llegar al Colegio una vez allá- y que allí nos darían la bienvenida la secretaria de Estado de la Cooperación internacional Soraya Rodríguez y el nuevo director de la Aecid. Que más o menos a las 9 todos estábamos allí, menos los funcionarios de alto rango, lo que dio lugar a un largo momento de reencuentro con los directores de los otros centros y permitió anoticiarnos de las novedades -el triple enroque que llevará a Hortensia Campanella de Montevideo a Santiago de Chile, a Andrés Pérez de Santiago de Chile a San José de Costa Rica y a Carlos Couto de San José de Costa Rica a Montevideo; la inminente apertura de un nuevo Centro nuestro en La Paz y de otro en Caracas y las presentaciones con los nuevos directores de Ciudad de Guatemala -Inmaculada Ballesteros-, El Salvador -Fernando Fajardo- y Miami -Marìa Palacios. Ahí, en el hall del Guadalupe -que queda delante de la Complutense, en el barrio universitario- se veían las distintas maneras en que habíamos interpretado el protocolo de la reunión: las mujeres con un neutro "elegante" pudieron estar diferentes entre sí y sin embargo a tono; los hombres, más o menos: los diplomáticos siempre marcan la pauta poniéndose traje y corbata, los funcionarios no diplomáticos entendieron que la presencia de la secretaria de Estado ameritaba corbata -así estuviera puesta de cualquier manera-, otros no interpretaron nada: fueron a cómo les salió y, como siempre en estos casos -y en cualquier caso- las precauciones que se toman en casa o en el hotel naufragan frente a la siempre victoriosa realidad, que prescinde de los detalles. De hecho, para la secretaria y para el director no éramos más que una anónima y pequeña multitud que llenaba el salón de actos del Colegio a la que ambos se dirigieron sin embargo con deferencia y palabras dulces. Un rato antes del mediodía y luego de tomar café en la cantina del Colegio, pasamos al aula 2, ya solamente los directores de Centros más los consejeros culturales de las Embajadas donde más temprano que tarde se abrirán nuevos Centros culturales. Afuera llovía a cántaros, pero como eso sucede en casi todos los países -por lo menos en los que hay Centros culturales, que es el colectivo que aquí importa- el tema central era la prohibición de fumar en casi todas partes que había entrado en vigencia en España el fin de semana anterior.