lunes, 26 de septiembre de 2011

Ladrones y Philip Larkin

Que de todas las notas de prensa -publicadas en La Capital, Clarín, Rosario 12, El Ciudadano, Tiempo argentino- esta haya sido la que tuvo mayor repercusión no sólo supone un nuevo síntoma de descomposición social, sino un alerta de cambio de oficios pues si, como sostuvo en su lectura magistral el uruguayo Maca, los poetas lo son sobre todo por vanidad, la misma será mejor satisfecha si el aspirante a poeta prefiere ser ladrón: por lo menos saldrá con más frecuencia en los periódicos.
Por cierto, no podemos dejar de vincular el episodio, que por suerte no pasó a mayores, con que el poeta homenajeado este año en el Festival haya sido el gran Raúl González Tuñón, uno de cuyos más bonitos poemas se llama, justamente, Los ladrones.

Y en cualquier otro orden de cosas. En la feria de editoriales independientes que armamos cada año en el Túnel 3 de Galerías compramos -y nos regalaron- una pila de libros (un Lamborghini, un Manuel Alemian, un charly gr., un Bitar, un Blatt, un Godoy, unos poemas chinos traducidos por J.L.Ortiz, un Aira (¿lo tendrá a este tan raro Sandra Contreras?), un Luciana Caamaño -que andaba por el Festival celebrando un año de amor-, un Bianchi, un Carrera, un Carlos Pardo, un Jessica Freudenthal, un Luis Chaves). De todos, hoy, elegimos este poema de Philip Larkin, traducido por Marcelo Cohen y publicado por Gog y Magog

Cuando veo una parejita e imagino
que él se la coge y ella toma
pildoras o usa un diafragma,
sé que es ése el paraíso

que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites, ladera abajo,

hacia la felicidad. Me pregunto si
cuarenta
años atrás, mirándome, alguien
habrá pensado: Eso es vida;
nada de Dios, ni de sudar de noche

pensando en el infierno, ni de ocultar
lo que opinas del cura. Ese y sus
amigos se alzarán, maldita sea
libres como pájaros. Y de inmediato,

más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.

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