martes, 3 de mayo de 2011

Primera generación

Largamos Primera generación, el nuevo proyecto de Los anillos de Saturno, bajo este paraguas conceptual:

Historias de inmigrantes que no sólo cambiaron de país, sino también de lengua: ¿cómo recibe una comunidad a una persona que apenas puede pronunciar el nombre de su nueva ciudad?

Las migraciones son parte constitutiva de nuestras sociedades, lo han sido desde siempre, y lo seguirán siendo, a pesar de que muchos países —no necesariamente bajo regímenes totalitarios— continúan poniendo en práctica políticas migratorias restrictivas. Todos somos hijos, nietos o bisnietos de alguien que vino de otra parte, si es que no somos nosotros mismos quienes, por razones políticas, económicas, religiosas, culturales o personales, decidimos o estamos obligados a trasladarnos.

Los mapas de migraciones señalan que, además del alivio del motivo doloroso que provoca la migración (de la opresión a la posible libertad, de la pobreza a la posible bonanza, de la tristeza personal o social a la posible felicidad), el migrante siempre busca, en el destino de su viaje, algún tipo de afinidad con el origen. Y en ese orden, la afinidad más deseada es la de la lengua.

Pero, ¿qué pasa cuando, por las razones que fuese, el inmigrante es, también, extranjero en la lengua del país al que llega? ¿Cómo se siente una persona que se incorpora a una comunidad a la que le cuesta pronunciar su nombre? ¿Cómo lo recibe esa comunidad? ¿Cómo es la convivencia con aquellos con los que tanto le cuesta comunicarse? Esas son algunas de las preguntas de Primera Generación, una serie de relatos contados por sus protagonistas, quienes desde hace años viven en ciudades lejanas y culturalmente diferentes, sobre todo en lo que a modos comunicativos se refiere.

Janine Janowski nació en París y allí vivió hasta los 18 años, pero hace alrededor de medio siglo una relación laboral la llevó hasta El Salvador donde hoy vive por elección disfrutando a diario la belleza del lago de Coatepeque.

Philipe Bigoird también emigró de Francia, pero no desde la Ciudad Luz sino desde la pequeña Mulhouse en la región de Alsacia, de la cual partió a finales del siglo XX en un viaje de mochilero por Sudamérica durante el que conoció Perú, y decidió quedarse en Lima.

Behrouz “Babá” Roohani hace casi tres décadas se bajó de un tren en la estación Rosario Norte luego de un largo viaje desde Tabriz, ciudad situada al noroeste de la República Islámica de Irán.

Nengumbi Celestine Sukama tuvo que dejar la República Democrática del Congo y hace más de 15 años que convive amablemente, pero no sin barreras, ni prejuicios hacia su color de piel en la ciudad de Buenos Aires.

Daniel Gonzalez Xavier es un gestor cultural de São Paulo que eligió la ciudad de Córdoba como el ámbito donde llevar adelante sus proyectos dedicados a la integración de latinoamericanos.

Lucia Cavalchini tiene 30 años, es una italiana que nació muy cerca de Polonia y creció en Roma; luego cruzó el océano para conocer las playas del Pacífico y el corazón le pidió quedarse hace más de 3 años en Ciudad de México.

Claudio Di Girólamo Carlini —quien se define como “inmigrante en estado puro”— también partió desde Roma pero 60 años antes que Lucía, y llegó a Santiago de Chile a los 19 junto a su padre, el pintor Giulio Di Girólamo, y su familia, escapando de los horrores de la guerra en Europa.

Estas siete historias de migrantes de primera generación están repletas de viajes, proyectos, utopías, amor, instinto de supervivencia, dolor y alegrías. Estas siete historias son apenas el puntapié inicial de un proyecto que queda abierto a las colaboraciones de nuestros lectores, porque lo más probable es que todos conozcamos una historia que merece ser contada como cada una de estas, que si nos interpelan es porque hablan de nosotros mismos.

Entrá, mirá, contanos.

1 comentario:

  1. Tommy Barban es un rosarino que a los 17 años emigro a California sin otro conocimiento de inglés que el conferido dos veces a la semana, en el IATEL de la calle Santiago, por Miss Francis, una morocha de minifalda escocesa sostenida en su lugar por un alfiler de gancho. En el aeropuerto de Los Angeles lo recibieron las tres hermanas inverosímilmente rubias de la familia que lo hospedaría durante ese primer año lejos de su país y le anunciaron que le tenían preparada una sorpresa "pretty exciting" de bienvenida. La sorpresa fue una montaña rusa con tres loops invertidos de ida y vuelta y una pendiente de 66 grados en el parque temático Knot's Berry Farm. Miss Francis no le había enseñado a Tommy Barban que en California la acepción coloquial del adverbio "pretty" no es "hermosamente" sino "muy".

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