martes, 8 de marzo de 2011

Scheimberg x El Director

El 25 de Mayo, en Córdoba y Dorrego, que no existe más, el Odeón, en Santa Fe y Mitre, que tampoco existe más, el Savoy, en San Lorenzo y San Martín, que existe, modificado, El Cairo, en Santa Fe y Sarmiento, que existe, exageradamente modificado, y, en los trasnoches, otros dos que no existen más: el Santa Rosa, frente a la plaza homónima y El Chaco, en Mitre y Tres de Febrero. Por esos bares, fondas, restoranes, se movía a fines de los años 70 y principios de los 80 Daniel Scheimberg, que vivía en un noveno piso en Mitre y San Lorenzo, estudiaba Filosofía en la Facultad, y organizaba en el Bernardino Rivadavia un ciclo que se llamaba Artistas jóvenes se manifiestan y que fue, para muchisimos novatos de aquellos años, la primera oportunidad de mostrar obra en público. De esos años es su primer manifiesto La desfocalización en función del espacio (1982), refrendado en obra un año después, en una celebrada exposición en la Sala de la Pequeña Muestra, la galería de Armando Raúl Santillán que quedaba en los subsuelos del Pasaje Pam. El manifiesto y la exposición dejaban en claro dos convencimientos del artista que inmediatamente la época iría a poner en cuestión: su fe en las vanguardias como motor de cambio en la historia del arte y la certeza de que perspectiva y teoría del color no habían agotado su posibilidad de movimiento en la historia de la pintura. Con esas convicciones a cuestas, a contracorriente de una época que dura todavía, Scheimberg se fue primero a Buenos Aires, después a San José de Costa Rica y, desde hace unos años, a Buenos Aires nuevamente. Sus obras, que son sus ideas de fuerza, se muestran desde este miércoles en nuestro Centro cultural. Están todos invitados.

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