jueves, 27 de mayo de 2010

Junio viene así

El lunes 31 (de mayo) empieza el Curso de Diseño y evaluación de proyectos culturales para el Desarrollo, que dura toda la primera semana de junio, hasta el viernes 4. Con enorme entusiasmo esperamos a los profesores David Roselló, Ángel Mestres y Sandra Campos, a todos los autores de los proyectos seleccionados y agradecemos a Acerca, el Programa de Capacitación para el Desarrollo en el Sector Cultural, su apoyo para la realización de este curso.
El viernes 11, en el Teatro y gratis, noche de flamenco contemporáneo con Chanta la mui. Bailan Olga Pericet, Daniel Doña y Marco Flores y bailan así:

El sábado 12, también en el Teatro, presentamos ¡Oh! Imperfecta, el nuevo espectáculo de danza dirigido por Paula Manaker.

Y el domingo 13, no acá sino en los galpones del CEC recibimos a La Excepción, hip hop de primerisíma, recién llegados de Carabanchel, Madrid, con el Langui como front man. Y, como grupo compañero, los locales de Lima Sur. Los españoles, acá:



Después, un descanso hasta el jueves 17, que es cuando comienza la continuación de Estéticas de la dispersión, uno de los ciclos estrella del año pasado. Los invitados de Franco Ingrassia son esta vez Daniel Melero, Pablo Huppert y nuestro amigo Reinaldo Laddaga. Como Reni no pudo viajar, lo tomamos vía Skype (y a propósito: los lunes 7, 14 y 28 va el Taller Open Lab. Nuevas interfaces, nuevos instrumentos, ¿nuevos discursos?, dictado por Yamil Burguener, también por videoconferencia, esta vez desde Córdoba).
El viernes 18, el querido Negro Aguirre, acompañado por Juan Quintero, hacen Abrazo, en el Ciclo Contemporáneo del Mundo.
El sábado 19, Alexander Panizza -cada mes más convocante, ojo- arremete con La Patética.
El jueves 24, nuestra amiga y vecina Carina Frid invita a Marcela Ternavasio, Noemí Goldman, Hilda Sabato y Alejandro Eujenian a la presentación de un video, grabado entre 2006 y este año sobre Los historiadores y la conmemoración del Bicentenario.
El viernes 25 y sábado 26 va el Seminario Fotografía de objetos y obras de arte, dictado por Gustavo Lowry (con inscripción previa). Y el mismo viernes 25, hasta sábado 27 hacemos Músicas oscuras, músicas luminosas, un ciclo de conciertos y conferencias curado por Marcelo Ajubita con dirección musical de Marisol Gentile.
Bueno, eso,más o menos, ¿qué más?

jueves, 20 de mayo de 2010

Resultó gaucho el distrito, che


José Hernández: el autor del Martín Fierro fue elegido para nombrar la biblioteca del CMD Sudoeste.

Fue el pasado sábado 15 de mayo, cuando en el marco de la celebración ciudadana por el Bicentenario los vecinos del Distrito Sudoeste eligieron participativamente el nombre de su biblioteca.

Los festejos por el bicentenario tuvieron en el Distrito Sudoeste un signo especial pues el día en que se realizó el Cabildo Abierto para conmemoración del aniversario de la patria, las vecinas y vecinos también eligieron el nombre de la nueva biblioteca distrital.


Para realizar esa elección se utilizó un dispositivo lúdico-participativo creado por el equipo de Presupuesto Participativo del municipio por el cual los vecinos pudieron optar entre 9 nombres de encumbrados referentes de las letras nacionales. El ganador con 142 votos fue José Hernandez, quien contó con gran apoyo de jóvenes. Le siguen en la lista de los más votados Borges con 111 votos, Silvina Ocampo con 97 y Roberto Arlt también con 97 votos.         

El sistema de votación fue bautizado "bolivoto" y se puso a prueba con excelentes resultados durante ese día. La naturaleza lúdica del dispositivo estriba en la utilización de bolitas para elegir entre múltiples opciones -siempre es mayor esta cantidad que las bolitas provista por cada elector- las que se colocan en grandes cilindros naranjas, uno por cada opción posible. Este sistema es sumamente flexible pues se adapta a los requerimientos de una elección simple o múltiple, como fue el caso de la biblioteca donde había más de una opción.         

La nueva biblioteca es producto del Presupuesto Participativo y cuenta entre sus padrinos al Centro Cultural Parque de España que donó los primeros 300 volúmenes que dan cuerpo a los estantes. También sumaron ejemplares vecinos, bibliotecas populares y el propio personal del distrito.
Resultados de la elección:

José Hernández: 142

Jorge Luis Borges: 111

Silvina Ocampo: 97

Roberto Arlt: 97

Rodolfo Walsh: 75

Alejandra Pizarnik: 71

Leopoldo Marechal: 45

Juan L. Ortiz: 32

Juan José Saer: 28

martes, 18 de mayo de 2010

La Biblioteca

El sábado pasado se inauguró en el Centro Municipal Distrito Sudoeste la biblioteca de literatura argentina armada a base de más de 200 libros que donamos el año pasado, justamente para el día del libro. Juntamente con la biblioteca, estamos preparando su manual de uso, tarea en la que están trabajando Nora Schujman y Andrea Echenique. A pedido de las autoridades del Distrito, el sábado se organizó una votación entre los asistentes a la biblioteca, para ponerle un nombre. Con Nora, Andrea y Andrea Camardo, nuestra responsable de Videoteca, propusimos los siguientes nombres, para que salieran a votación: Sarmiento, José Hernández, Borges, Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Silvina Ocampo, Juan L. Ortiz, Rodolfo Walsh, Alejandra Pizarnik, Juan José Saer. Cada uno de los nombres tenía una urna: ¿todos? No. El que hizo las urnas se olvidó de hacer la de Sarmiento. Sarmiento, en fin, no compitió. Los demás nombres esperaban el voto, que se manifestaba a través de tres bolitas, o canicas. Cada votante tiene, entonces, tres votos, que puede dárselos todos a un solo candidato, uno a cada uno de tres, o dos a uno y el otro a otro. En la semana, los resultados. Cha cha cha channnn.

jueves, 13 de mayo de 2010

Un televisor

Pusimos un televisor en la página. Podemos verlos a Spinetta y a Baglietto en Escalinatas, a Vallejo en el Teatro, vamos a ver si subimos parte del video que hizo Florencia Castagnani sobre el Festival de Poesía del año pasado, o uno de los tres que están ahora mismo rodando en Galerías, en la muestra de res, Acciones rosarinas 2010. Así vamos, contentos y en paz.

jueves, 6 de mayo de 2010

Por donde no se lo esperaba: Emilio del Guercio

Los memoriosos -y los archivos- recordarán si eso fue en el 84 o en el 85, pero seguro que fue en la sala Lavardén, en el marco de algo que se llamaba Taller Latinoamericano de Música Popular, o algo así, cuyo mentor era Pichi de Benedictis. Era la época en que empezaban a rondar los queridos uruguayos -Leo Maslíah, claro, pero también Luis Trochón, Jorge Lazaroff, que murió unos años después- y en que estaban de moda las guitarras Ovation. Cada una de las noches, después de los talleres, había conciertos en el Teatro. Ahi escuchamos por primera vez a Emilio del Guercio, que traía bajo el brazo su disco solista Pintada, que veníamos escuchando desde el 83. Emilio, naturalmente, hizo un repertorio bien Pintada, pero para el bis se reservó "Violencia en el parque", aquel tremendísimo tema de Aquelarre de 1973 y de algún modo, nos pareció intuir en ese momento, sin demasiada claridad conceptual, que el Taller acababa de cumplir con uno de sus soterrados objetivos: tender, a mediados de los años 80, después de la dictadura, líneas de fuerza que contactaran el presente con el pasado, tarea que de ningún modo tenía que ver con la nostalgia, sino con la cultura y con el arte: para que haya, en el arte, novedad, tiene que haber diálogo con el pasado (o, si nuestros eventuales lectores prefieren fórmulas más avasallantes, firmadas, por ejemplo, por Giorgio Agamben, tooooda vanguardia, toda novedad, no es sino una conversación -a los gritos, porqué no- con la tradición y con el pasado). Ese puente, esa condición de posibilidad del presente era Emilio esa noche en la Lavardén quien, además, en algunos de las hermosas canciones de Pintada marcaba también la pauta del presente, la de la novedad. No volvimos a saber de Emilio durante un tiempo largo: decían que estaba dibujando -o pintando, cosas así, más vinculadas no con el retiro sino con el ocultamiento: en una época en la que la pauta la daba la exposición, el ocultamiento de Emilio debía verse sobre todo en clave política. Y -por lo tanto- volvimos a saber de él no hace mucho y, como los grandes artistas, volvió por donde no se lo esperaba: por la televisión, en el ciclo Cómo hice, que va los miércoles por Canal Encuentro. Quien haya visto el envío sobre Zamba de mi esperanza sabrá de qué estamos hablando. Quien no, que vaya, baje y vea. O mejor, que venga el sábado al Teatro de nuestro Centro cultural. Emilio va a cantar unas canciones, pero también, entrevistado por Diego Giordano, va a contarnos cómo hizo él. Eso queremos saber, querido Emilio.

domingo, 2 de mayo de 2010

Vallejo, otra vez

Era el verano del año pasado: enero y calor y humedad. Estábamos en Roldán, como si estuviéramos de vacaciones, pero cada tanto levantábamos el teléfono para hablar con Julia Saltzmann: ¿veía ella posible que pudiésemos traer a Rosario a Fernando Vallejo? No era la primera vez que pensábamos en invitar a Rosario a quien era, a nuestro modesto entender, y junto con César Aira, lo mejor que le estaba pasando a la narrativa hispanoamericana en los últimos años: en varios de los muchos últimos años. Pero ahora, un poco antes de hablar con Julia, habíamos vuelto de Colombia con un ejemplar del tan deseado y buscado "Almas en pena, chapolas negras" que mientras hablábamos por teléfono hervía y se ondulaba en el césped, a los pies de una reposera, y ya quedaba claro que, como Aira, Vallejo era además de un narrador extraordinario un ensayista sin par capaz de, para decirlo con palabras de el crítico belga Jacques Joset, autor del primero libro sobre la obra de Vallejo, construir un flujo discursivo "sin división capitular ni respiro, sin notas al pie ni bibliografía, siempre en primera persona, de tono ora apacible ora polémico, ora sentencioso ora distendido, ora irónico ora malhumorado" y nosotros que de algún modo en algún momento y sin saber bien porqué acabamos siendo una suerte de publicistas de doble mano de nuestra ciudad, mostrando la ciudad hacia afuera pero también trayendo amigos a la ciudad para que vean cómo es, nos parecía que, en fin, había que tentar la suerte. Qué lindo, imaginábamos, Vallejo caminando Corrientes abajo, de noche, las luces de una ciudad que son para el viajero las de cualquier ciudad y de golpe, en un rapto, se vuelven por un instante únicas.Y qué lindo, imaginábamos, que los lectores de Rosario, que alguna vez se cruzaron en la calle, o en un teatrito, o en un salón de actos, o en una librería, con Juan Carlos Onetti, con Roa Bastos, con Borges, con Graham Greene, con Raymond Carver, con Saer, con Witold Gombrowicz, con el mismo Aira, se encontraran con Vallejo y que ese encuentro -a veces las cosas suceden así- los motivara a leerlo por primera vez, o a leerlo más, y cuánto mejor es la cabeza y la sintaxis de un lector después de leer a Vallejo. Pero Julia Saltzmann no era optimista: directamente era pesimista. Pasó el verano, llegó el otoño y Julia llamó con una formulación matemática que no entendimos (si x más y, menos x, menos y, menos que menos y más) cuyo hipotético resultado, sin embargo, resultaba alentador: viene Vallejo a la Argentina, y si viene a la Argentina, va a Rosario.
Como muchos de todos ustedes, empezamos a leer a Vallejo a partir de la película de Brabet Schroeder, "La Vierge de Tuers", "La Virgen de los sicarios", que permitió, en el año 2001, que esa extraordinaria novela de 1994 pasara a edición de bolsillo y rompiera las entonces extremadamente celosas fronteras culturales de los países latinoamericanos en los que la consolidación de sus respectivas literaturas nacionales parecía que iba condicionada por el progresivo desconocimiento de las otras literaturas nacionales latinoamericanas. Pero el cine, que muchas veces cierra, esta vez abrió. Y de La Virgen pasamos a "El desbarrancadero", y de "El desbarrancadero", un poco desordenadamente a "La rambla paralela", y de "La rambla paralela" a "Mi hermano el alcalde" y de "Mi hermano el alcalde" a ese día extraordinario en el que Julia Salztmann, otra vez, y quien tiene mucho que ver con la circulación de la obra de Vallejo en la Argentina, nos regaló los cinco volúmenes que forman "El río del tiempo". Faltaba aun la obra crítica de Vallejo: hacía cuanto tiempo que los que estaban en materia no dejaban de hablar de "Almas en pena, chapolas negras", la biografía de José Asunción Silva, pero cada vez que la pedíamos o estaba prestada, o se la había llevado otro, o imprevistamente había desaparecido del estante de la biblioteca: nuestra vieja consigna “todos los libros para todos” se desvanecía frente a "Almas en pena", como si en vez de ser un libro fuese una moneda de oro. Nos llevó tiempo comprobar que era efectivamente así. Viajamos a Colombia, a una modesta ciudad: Manizales. Fuimos a la mejor librería de Manizales, que era sin embargo modesta. Le preguntamos a la librera qué tenía de Vallejo y ella repreguntó: “¿de nuestro Vallejo?” Qué extraordinario: Vallejo, que había renunciado a la nacionalidad colombiana, que había iniciado ese libro que nosotros no encontrábamos todavía con una frase típicamente sentenciosa, sentenciosovallejiana -"Colombia no tiene perdón ni tiene redención"- lograba, sin embargo, que la librera de Manizales hiciera una refinada operación de lectura y que leyera amor donde decía odio: “nuestro” Vallejo, dijo la librera, no solo para diferenciarlo del otro Vallejo, César, sino para confirmar su mundo de pertenencia: acá. Pero en Manizales no estaba "Almas en pena". La edición de 1995 se había agotado y la de, creemos, 2001, también. La librera no creía que fuera a reeditarse pronto y la búsqueda parecía entonces terminada. Nos fuimos a trabajar de Manizales a Bogotá. Salíamos de un lugar, debíamos de ir a otro, nos perdimos, cruzamos una plaza, entramos en un barrio elegante a su modo, galerías de arte, restoranes y una librería, en una esquina, ya pasábamos de largo cuando medio de reojo (somos de los que cuando pasan frente a una librería no pueden no echarle un ojo, así sea al paso, a sus escaparates) vimos, por primera vez en nuestra vida, un ejemplar de "Almas en pena, chapolas negras". “Ah, el señor Vallejo estuvo por acá hace unos días” nos dijo la joven dependiente mientras nosotros tratábamos de pasar por normales cuando estábamos protagonizando un hecho que considerábamos histórico de antemano –historico en la historia de nuestras lecturas, que es también la historia de nuestra vida. Y, otra vez, Vallejo no nos defraudó: "Almas en pena chapolas negras"y su libro de algún modo mellizo, que pudimos leer después, "El mensajero", la biografía de Porfirio Barba Jacob, son dos extraordinarios modelos de crítica literaria: sí, volviendo a la precisa definición de Joset: en primera persona, sí, absorviendo voces críticas y tomándolas como propias, sí, sin ninguna nota al pie, sí, sin bibliografía, como si fuera el primero que escribiera sobre el asunto por primera vez y también contaminando el análisis de estilo con la biografía, la biografía con el testimonio, el testimonio con la autobiografía, la autobiografía con la versificación española, la versificación española con la retórica, la retórica con los libros de contabilidad, los libros de contabilidad con los avisos publicitarios, los avisos publicitarios con la tropología, la tropología con los relatos de viaje, los relatos de viaje con la sintaxis, la sintaxis con la política y la política con la nostalgia que es, de algún modo, el asunto de todos los libros de Fernando Vallejo y convirtiendo a esa extraordinaria contaminación discursiva y formal en una forma discursiva nueva: expresión –de esa nostalgia- y novedad: tal parecería ser el lema del ensayista que es el artista Fernando Vallejo y el artista que es el ensayista Fernando Vallejo.

Ha sido, digámoslo otra vez, un honor y una felicidad incomparable para nuestra ciudad, para este Centro cultural, recibir a Fernando Vallejo.