lunes, 1 de noviembre de 2010

Un balance prematuro y las ganas de volver

Serían las tres de la mañana del sábado cuando los últimos invitados al Primer Encuentro internacional Literaturas americanas que demoraban la partida de la parrilla de Balcarce y Rivadavia empezaron a enfilar para el hotel, en calle Salta, con esas nostalgias anticipadas de "y a ver cuándo nos vemos de nuevo" o más exaltadamente y tal vez ni siquiera sabiendo que se está citando la letra de una canción popular, "quisiera que esto dure para siempre". Pero el balance de los protagonistas, que depende de una combinación de cosas heterogéneas y en algún punto inasibles en esa misma combinación -si les gustó el hotel, si los aplaudieron más o menos en sus exposiciones, si estuvieron a la altura de los que ellos mismos esperan de ellos mismos, o si -otra vez- quedaron a mitad de camino- es nada al lado de la que importa de verdad: la escucha de los espectadores, su interés, el modo en que eso ha influido o podrá influir en su percepción de las cosas, de los libros, de la historia. Nosotros, con una escucha muy condicionada por temas en ese momento superimportantes y ahora nimios, como si habría taxis a la salida cuando se largó a llover, o si en el comedor nos estarían esperando ahora que la sesión se prolongaba, o cómo andaría de números el en vivo que iba por nuestra página, aun no pudimos hacer un balance todo lo ajustado que quisiéramos de la actividad pero, si sumamos eso que nos dijeron unos y otros y nos animamos a cerrar un consenso, deberíamos anotar que: todo salió tan bien como lo esperábamos y que los encuentros de tema cerrado siempre dan mejor que los de tema abierto, en tanto al final de todas las exposiciones y debates el espectador ha escuchado, al fin, una historia. Esperamos poder publicar el año próximo un libro con estas exposiciones, esperamos poder subir pronto a nuestra página algunos de los registros del Encuentro, esperamos volver en 2012 con otro Encuentro de literaturas americanas y esperamos volvernos a encontrar con ese público lector y entusiasta, dispuesto tanto a echarle un "Bravo" al final de la exposición de César Aira, emocionarse si en la cola del café le tocaba codearse con Noé Jitrik, o quedarse un sábado y a las dos de la tarde, a seguir y a participar de la discusión sobre "las lenguas" de la literatura americana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario