sábado, 30 de octubre de 2010

Bienvenidos al Encuentro internacional de literaturas

Bienvenidos al Primer encuentro internacional Literaturas americanas: 200 años después de la emancipación política

Este encuentro es una idea original del intendente de la ciudad de Rosario, Miguel Lifschitz, que fue quien nos llamó, hace casi dos años, y nos propuso hacer, en el marco de las celebraciones del Bicentenario, un congreso de literatura.

Los objetivos políticos, ciudadanos, de este Encuentro están vinculados con la idea de reafirmar a la ciudad de Rosario como una ciudad de escritores, una ciudad de libros, sobre todo a partir de la visibilidad que tuvo esa relación en el Congreso Internacional de la Lengua, en 2004, que masificó o espectacularizó en muchos sentidos un símbolo que de manera no soterrada, pero sin dudas menos evidente y menos popular, viene construyéndose desde hace muchísimos años: Rosario, la ciudad de los grandes poetas de los 40 —Felipe Aldana, Arturo Fruttero, Irma Peirano, Emilia Bertolé— reeditados todos por la Editorial Municipal de Rosario en los últimos años, la ciudad de las revistas el lagrimal trifurca y la cachimba en los años 60 y 70, la ciudad-escenario de muchas de las ficciones de Juan José Saer, de César Aira, la ciudad que inspiró a Juan Carlos Onetti el astillero de El astillero, la ciudad de Roberto Fontanarrosa y de Aldo Oliva y de Hugo Padeletti, la ciudad del Festival internacional de Poesía, que este año inauguró en este mismo escenario, con un concierto de Paco Ibáñez, su edición número 18, la ciudad de Beatriz Viterbo, o de Homo Sapiens, la ciudad de los grandes críticos literarios surgidos de la Escuela de Letras —eso que ahora se llama la “escuela rosarina”- muchos de cuyos integrantes participarán de este encuentro que inauguramos hoy.

Para este Encuentro, hemos tenido menos en cuenta la espectacularidad de los grandes nombres, los nombres-marca, que son más propios de los festivales de literatura, para centrarnos en aquellos escritores e investigadores que pudiesen ayudarnos a pensar eso que presenta el título del encuentro: cómo se han ido dando, desde la emancipación política de 1810-1811, las consolidaciones de las distintas literaturas nacionales americanas, cómo se han relacionado entre ellas —con qué grado de autonomía y con qué grado de porosidad— y cómo ha ido cambiando la relación con la vieja metrópolis, con España, siguiendo un programa en el que hemos intentado historiar las distintas etapas de esa relación: la particularidad de la crónica, como género fundador del continente; las distintas lenguas de la literatura americana; las primeras manifestaciones emancipadoras, durante el Romanticismo; los textos fundadores de las grandes literaturas nacionales; los textos clásicos de la literatura rioplatense; los vínculos entre las distintas literaturas nacionales americanas y, finalmente, el renovado papel de España como centro legitimador de las literaturas americanas.

Quiero agradecer la confianza de Miguel Lifschitz y la absoluta libertad con la que nos permitió armar este programa y su lista de invitados. Quiero agradecer muy especialmente el trabajo de Amalia Sanz, coordinadora general de este Encuentro. Quiero agradecer el trabajo del equipo Programa Bicentenario, de la Municipalidad de Rosario: gracias Romina Trincheri, y gracias a todo el equipo de Romina. Quiero agradecer, como siempre, a la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario –muchas gracias, Horacio, muchas gracias, Flor-, el apoyo del Instituto Cervantes, el apoyo del Consulado General de España en Rosario –muchas gracias, Jesús-, quiero agradecer especialmente la presencia de autoridades, docentes y alumnos del Colegio Español –muchas gracias, Clarisa y Santiago-, quiero agradecer, claro está, a todo el equipo del Centro cultural Parque de España que me hizo creer, a principios de año, que este Encuentro iba a ser la niña bonita de nuestra programación para finalmente armar un año extraordinario para nosotros, lleno de niñas bonitas.

Y quiero agradecer a cada uno de nuestros invitados: a quienes han venido de afuera, aceptando una invitación modesta en términos materiales, atraídos más bien por el programa y por las ganas de presentar y debatir ideas: gracias, Sergio Ramírez, de Nicaragua, gracias Bartomeu Melia, de Paraguay, gracias Horacio Costa, de Brasil, gracias Julio Ramos, de Puerto Rico, gracias Hortensia Campanella, de Uruguay, gracias, Harold Alvaro Tenorio, de Colombia, gracias Alan Mills, de Guatemala, gracias Luis Cárcamo Huechante, de Chile, gracias Fabrizio Mejía, de México, gracias Alberto Fuguet, de Chile, gracias Ignacio Echevarría, de España. Gracias por venir, y bienvenidos a nuestro país, a nuestra ciudad y a este Centro cultural, que los recibe con lo brazos abiertos. Gracias, también, por aceptar esta invitación, a los profesores Susana Zanetti, Nora Catelli y Noé Jitrik, maestros de investigadores, críticos y profesores de literatura: sepan que muchos de los temas de este Encuentro y aun su concepción general han sido inspirados en sus estudios e investigaciones. Gracias a los escritores César Aira, Aníbal Jarkowski, Alan Pauls, Martín Caparrós, Osvaldo Aguirre, Edgardo Dobry, Luis Chitarroni: ahora que los escritores, en tanto figuras públicas, parecen haberse ensimismado en la promoción de sus propias obras, gracias por aceptar esta invitación para debatir acerca de la tradición, los maestros y los géneros. Gracias a los profesores e investigadores de la universidad pública argentina Graciela Batticuore, Sandra Contreras, Isabel Stratta, Adriana Astutti, Enrique Foffani por haber aceptado esta invitación trascendente del claustro universitario, para venir a presentar ideas y debatirlas en un contexto amplio de público entusiasta y lector, no necesariamente proveniente de la Universidad ni de la academia. Y muchas gracias, finalmente, a María Teresa Gramuglio por aceptar la invitación a abrir este Encuentro. Nosotros, profesores de la Universidad Nacional de Rosario, tenemos con María Teresa una impagable deuda de gratitud: por habernos enseñado a leer literatura argentina en su tensión constitutiva con otras literaturas nacionales americanas y europeas, por habernos enseñado que la gran literatura empieza a leerse desde lo mínimo: desde los signos de puntuación, por habernos enseñado que la universidad pública, aun en sus épocas de mayor miseria material no debía ser abandonada: al contrario, debía conservarse militantemente como un espacio propio de libertad de pensamiento y de expresión, y gracias, también, por ese axioma personal que muchos de nosotros convertimos en bandera: en la academia, contra la academia. Muchas gracias, María Teresa.
Y muchas gracias a todos ustedes, sin este marco, este encuentro sería una ilusión.

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