domingo, 25 de julio de 2010

Entradas agotadas, información y seguridad

El sábado a las seis de la tarde se agotaron las 518 localidades gratuitas para ver y escuchar a Yusa en el Teatro Príncipe de Asturias, en el marco del ciclo Contemporáneo del Mundo. Estábamos muy contentos porque eso confirmaba el camino simultáneo de prestigio y convocatorio del ciclo, este año dedicado a la canción, y porque, entendemos nosotros, entregar entradas con antelación, así estas sean gratuitas, evita aglomeramientos en la puerta del Teatro, colas, etc. Sin embargo, una hora antes del concierto, un centanar de personas que venían a ver a Yusa y se encontraron con que las localidades estaban agotadas, reclamaron, a viva voz -pero con buenos modales- que la información acerca de que se entregarían localidades anticipadas no había sido suficientemente difundida por este Centro cultural. Les dijimos entonces que esto no era así, puesto que dicha información estaba consignada en nuestra programación y en nuestra página. Y esta vez el desinformado fui yo: en efecto, el público tenía razón: la información no estaba ni en nuestra página ni en nuestro programa. En nombre de todo el personal de Centro cultural, y en el nuestro, claro está, pedimos disculpas a nuestro público que, con razòn, se sintio defraudado esta vez. En acción cultural, programar también es comunicar y esta vez nos equivocamos en el segundo cometido.
Por otra parte,es importante destacar -y esperamos que nuestro público acuerde con nosotros- que la gratuidad no otorga derechos. Y por más gratuito que sea un espectáculo -y estamos tendiendo a tener cada vez más espectáculos gratuitos- por razones elementales de seguridad, no podemos abrir las puertas cuando el aforo del teatro está completo ni permitir que el público se siente en los pasillos o en la medialuna frente al escenario, que funcionan como lugares de circulación de las personas. A veces cuesta creer que aquellos que estarían primeros en la fila de reclamos en caso de que se produjera un problema de seguridad sean, a su vez, los más fervorosos reclamantes de que no se cumplan sus normas elementales, en nombre de un supuesto derecho ciudadano.

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