martes, 29 de junio de 2010

Un dibujo y una narración

El jueves a la siete de la tarde inauguramos la exposición de Liniers, Macanudismo. Lo conocimos a Liniers, como historietista, a través de una tira que tenía en el suplemento No de Página 12. La tira estaba buenísima porque era, precisamente, los más NO que tenía el suplemento que pese a su título fue siempre tan entusiasta con la materia (rock, juventud, transgresión) como el que en teoría venía, especularmente, a enfrentar: el Sí, de Clarín. Pero la tira de Liniers (puesta, además, en página par, al pie -es decir, abajo y atrás) era totalmente No. Después, unos años después, lo conocimos a Liniers, personalmente, en una feria del libro, en Trelew. Hablamos de Max Cachimba, de nuestra admiración mutua por el extraordinario artista del barrio de Fisherton: y Liniers nos contó una visita a la casa de Max, con mucho detalle. Un tiempo después leímos -o vimos: ahí está el asunto- en uno de los Cuadernos de Viaje de Liniers el relato (o el dibujo) de esa visita a la casa de Max. Y ese dibujo resultó ser un calco de aquel relato, de donde se desprende que o bien Liniers habla como dibuja o dibuja como habla y, en cualquiera de los dos casos es, como todos los grandes historietistas, uno que sabe hacer de un dibujo una narración.

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