sábado, 3 de abril de 2010

Paraná Ra' anga XVII

Desde la costanera, en Formosa, veíamos, apenas cruzando el río Paraguay, de pocos metros de ancho, otra ciudad: Alberdi, que también es otro país, Paraguay. La aduana en Formosa, nos dicen, está abierta durante todo el día y toda la noche, pues hay tránsito permanente entre uno y otro país. Hay doscientos chicos paraguayos que viven en Alberdi que van a la escuela en Formosa. Muchas madres paraguayas vienen a parir a los hospitales formoseños, lo que da, nos cuenta el intendente local unas horas más tarde, esos casos sólo raros para quienes viven lejos, de doble documentación, o doble nacionalidad: al chico nacido en Formosa naturalmente se lo inscribe y se le da su DNI argentino; luego sus padres lo vuelven a inscribir en Paraguay. Acá enfrente, me dice el intendente, un hombre de unos cincuenta años que cada tanto nos pregunta si estamos a gusto y qué pensamos de la ciudad y de la provincia, son más conocidas las autoridades argentinas que las paraguayas. El año pasado, ilustra, vino el presidente paraguayo Lugo y lo acompañó nuestro gobernador Insfran: a Lugo no lo saludaba nadie y todos sabían quién era Insfran. Cierta o no la anécdota que nos cuenta Fernando de Vido, o más bien: aunque estén exagerados los contrastes del nadie y el todos, es verdad que la de la "pertenencia" es una tensión permanente en esos territorios en los que un límite físico -en este caso, además, bastante modesto- subraya, exageradamente, una limitación geopolítica. Nos viene a la memoria, casi sin llamarlo, ese hermoso argumento de Juan José Saer, llamado "Discusión sobre el término zona" en el que Lalo Lescano y Pichón Garay discuten, en el restaurant El Dorado, febrero de 1967, dos de la tarde, 37 grados a la sombra, acerca de la posibilidad de serle fiel a una región. Lescano, argumenta extensamente que no hay regiones, en tanto no es posible precisar los límites entre una y la otra: ¿cuál es el punto preciso en que se deja de sembrar trigo y se empiez a sembrar algodón? Garay no comparte el punto de vista de su antagonista. Acá, en fin, retomando: ¿dónde empieza el Paraguay y dónde termina la Argentina? ¿No será hora de empezar a diseñar lo que podríamos llamar "ciudades internacionales", territorios donde lo que ya está mezclado en la vida cotidiana (idioma, costumbres, moneda, tradición) se mezcle también desde el punto de vista institucional? A la mañana siguiente, ya en el barco otra vez, surcando las finalmente favorables aguas del río Paraguay, a una velocidad de de 7 u 8 kilómetros por hora, con la tripulación enfervorizada porque volverían a Asunción donde se habían embarcado el 24 de febrero, de algo de eso habló el paraguayo Solano Benítez, expedicionario arquitecto, cuando presentó el proyecto-utopía sobre, justamente, ciudades internacionales: la idea suya y de un grupo de arquitectos latinoamericanos, formulada bajo el imperio de la gran crisis argentina del 2001, de trasladar la capital paraguaya a Clorinda, Argentina. Queda estudiar más detenidamente ese proyecto, quedan todas las expectativas puestas en el trabajo sobre Formosa y Alberdi que está empezando a diseñar la becaria demógrafa Mariana Oeyen, queda toda la amabilidad de los formoseños al recibirnos, el paseo por la biosfera de la laguna Oca -y el entusiasmo de expedicionarios y becarios arremangándose los pantalones para meterse en la laguna, así sea hasta las pantorrillas, como nuestros tíos y nuestros abuelos, allá en San Juan, hace casi medio siglo- y queda también esa camarógrafa, Diana, que registró toda nuestra estadía en Formosa y que en un momento, en un aparte, nos llamó y nos dijo que ella querría ser de la partida el año próximo, en la segunda Expedición. Le dijimos que no habría segunda, que era esta, en todo sentido, una experiencia única, excepcional. Y entonces Diana ofuscada porque se rompía una ilusión, másticó, más para ella que para nosotros, un "la puta madre que lo parió". Lo interpretamos, claro está, como un sentido elogio a la empresa y con esa bonita sensación nos fuimos de Formosa. La Expedición estaba llegando a su fin.

1 comentario:

  1. La puta que lo parió. Tal cual. Te dije, Martín, que en la expedición no debía faltar un abogado.

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