lunes, 26 de abril de 2010

Nos ponemos de pie para recibir a la bandera

Era el verano del año pasado: enero y calor y humedad. Estábamos en Roldán, como si estuviéramos de vacaciones, pero cada tanto, tanc, levantábamos el teléfono para hablar con Julia Saltzmann: ¿veía ella posible que pudiésemos traer a Rosario a Fernando Vallejo? No era la primera vez que pensábamos en invitar a Rosario a quien era, a nuestro modesto entender, y junto con César Aira, lo mejor que le estaba pasando a la narrativa hispanoamericana en los últimos años: en varios de los muchos últimos años. Pero ahora, un poco antes de hablar con Julia, habíamos vuelto de Colombia con un ejemplar del tan deseado y buscado Almas en pena chapolas negras que mientras hablábamos por teléfono hervía y se ondulaba en el césped, a los pies de una reposera, y ya quedaba claro que, como Aira, Vallejo era además de un narrador extraordinario un ensayista sin par y nosotros que de algún modo en algún momento y sin saber bien porqué acabamos siendo una suerte de publicistas de doble mano de nuestra ciudad, mostrando la ciudad hacia afuera pero también trayendo amigos a la ciudad para que vean cómo es, nos parecía que, en fin, había que tentar la suerte. Qué lindo, imaginábamos, Vallejo caminando Corrientes abajo, de noche, las luces de una ciudad que son para el viajero las de cualquier ciudad y de golpe, en un rapto, se vuelven por un instante únicas.Y qué lindo, imaginábamos, que los lectores de Rosario, que alguna vez se cruzaron en la calle, o en un teatrito, o en un salón de actos, o en una librería, con Juan Carlos Onetti, con Roa Bastos, con Borges, con Saer, con el mismo Aira, se encontraran con Vallejo y que ese encuentro -a veces las cosas suceden así- los motivara a leerlo por primera vez, o a leerlo más, y cuánto mejor es la cabeza y la sintaxis de un lector después de leer a Vallejo. Pero Julia no era optimista: directamenta era pesimista. Pasó el verano, llegó el otoño ("y con el otoño el tiempo del vino") y Julia llamó con una formulación matemática que no entendimos (si x más y, menos x, menos y,menos que menos y más) cuyo hipotético resultado, sin embargo, resultaba alentador: viene Vallejo. Guiados por la ilusión del resultado, dijimos que sí. Acompañado por el crítico Jacques Joset , autor del primer libro sobre su obra, y con su nueva novela bajo el brazo, este jueves a las siete y media de la tarde, llega, qué felicidad, Fernando Vallejo al teatro del Centro cultural. Como en los actos escolares, y cada uno de nosotros sabrá íntimamente como bandera de qué, nos ponemos de pie para recibirlo.

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