miércoles, 24 de marzo de 2010

Paraná Ra´anga XIV

Al final a Barranqueras –que podría pasar a llamarse Puerto Deseado- no llegamos nunca. Teníamos arreglado que a las cinco de la tarde una lancha vendría a buscarnos a la boca del arroyo que entra al Puerto y que en dos viajes una veintena de nosotros desembarcaríamos para asistir a la recepción oficial y al concierto que a la noche darían nuestro Jorge Fandermole con Coqui Ortiz y el Seba Ibarra. Después del mediodía una neblina cargada de agua difuminaba los contornos de las costas chaqueña y correntina y más tarde se largó a llover. No sabremos nunca si fue por la lluvia que la Prefectura no dejó salir a la lancha que vendría a buscarnos, o porque el lanchero que habíamos contactado por teléfono no tenía autorización para llevar pasajeros, lloviera o no, y el mismo lanchero, en dos comunicaciones sucesivas con dos interlocutores diferentes, abonó una y otra versión. En todo caso, ya eran las cuatro de la tarde, llovía a cántaros y no había plan alternativo. Seguiríamos entonces camino a Corrientes, donde llegaríamos, si no había nuevos contratiempos, a la hora de cenar. Paréntesis para este poemita de Rafael Alberti sobre otro Paraná lluvioso: “Bruma y llovizna en el Sena/ ¿Pero porqué estos caballos/ mirándolo?// Puentes de París y orillas/ de álamos.// Por un Paraná de bruma// hoy vuelvo a Francia a caballo”. Verán que el poema sigue el razonamiento retórico –aunque no formal- del poema de Juanele Ortiz “En el Yan-Tse”, ese del famoso, para nosotros por lo menos, estribillo que dice “Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan Tse”: en ambos poemas, el río extraño y lluvioso recuerda, melancólicamente, al río propio: la extrañeza remite a la intimidad. A nosotros, bajo la lluvia, este Paraná desconocido nos recuerda a como imaginamos que sería cuando decidimos embarcar para conocerlo: la imagen de la realidad se superpone, se monta encima de la de la imaginación y ese reconocimiento amoroso se manifiesta bajo la forma del éxtasis. Así, en ese estado, vamos siguiendo la costa chaqueña, el cartel blanco, casi invisible, que dice “Apeadero/ kilómetro 1682/ La Palometa”, dos pescadores bajo el agua de la lluvia, sobre sus canoas, casi invisibles, cubiertos con capas amarillas.

1 comentario:

  1. Anoche (quizás cometo una indiscreción) recibí mensaje telefónico del director. Lo que son los viajes. Se lo escuchaba tranquilo, casi aquerenciado, menos Zama y más Quiroga.

    ResponderEliminar