martes, 23 de marzo de 2010

Paraná Ra´anga XIII









Foto: Soledad Rodríguez

También aquí el verano, aun terminándose, impone su compleja retórica de calor extremo, baja de presión y tormenta. Así fue que en la noche del domingo, en tanto se desarrollaba el que hasta aquí ha sido el debate más intenso y peleado de la Expedición, sobre medio ambiente, el baqueano Vaccarezza nos llamó para decirnos que el capitán estaba buscando amparo en la costa, que la cola de la tormenta que durante todo el domingo había azotado a Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Paraná finalmente iría a alcanzarnos y que, vista su magnitud, era mejor tomar la previsión de detenernos. Así fue, en un estrecho canal, amarrados a la costa correntina pero pegados, a babor, a la chaqueña. Y así estuvimos hasta las 6 de la mañana, encerrados entre dos extraordinarios primeros planos de una tierra que seguía sin embargo inalcanzable. Ni el viento ni la lluvia ni la electricidad que parecían, si nos asomábamos a cubierta, envolver el mundo entero, afectaron mayormente la actividad en la embarcación, el fin del debate, las conversaciones a la hora de la cena sobre el debate anterior y ese lento deambular de los expedicionarios en el largo comedor, algunos murmurantes, otros callados, hasta que finalmente todos se fueron a dormir. La perspectiva de llegar a Barranqueras a la hora prevista volvió a derrumbarse y empezamos desde temprano a descartar alternativas. La primera, ir en lanchas hasta Empedrado, por cuya costa habíamos pasado a las 7 de la mañana, y de ahí ir por tierra hasta Barranqueras, fue desestimada por Prefectura, en tanto debido a la altura y al estado de excitación de las aguas después de la tormenta, no se autorizaba la salida de lanchas con pasajeros. La segunda, volver hacia atrás en el mismo barco hasta Empedrado, fue desestimada por el capitán: el puerto de Empedrado está fuera de operaciones desde hace tiempo. Nos queda la opción de seguir rio arriba, esperar que no haya contratiempos climáticos y que, cuando se presente Barranqueras en el horizonte, venga a buscarnos una lancha y nos lleve a tierra, que hace cinco días que no pisamos, en tanto el barco irá a amarrar a Corrientes. En Corrientes despedimos a varios de los expedicionarios: Jorge Fandermole, Susana García, Sergio Forster, Claudia Tchira, Félix Rodríguez –que sigue por tierra hasta Asunción, donde volveremos a vernos. Y suben varios, algunos llegando desde Madrid –Santi González, Miguel Aguiló, Andrés Loiseau- otros desde Asunción –Milda Rivarola, Fátima Mereles, Solano Benítez. Llega –debe haber llegado ya -Irina Podgorny, desde Berlín. También llegan nuestros compañeros Ricardo Ramón y Myram Martínez, Mar Marín, de la agencia EFE, que reemplaza al querido Joan Faus que nos acompaña hasta aquí y Cecilia Vallina, de Señal Santa Fe. Y ya de Corrientes hasta Asunción, somos los que somos, sin modificaciones. Ah, sí, Laura Glusman que se bajaba en Corrientes sigue finalmente hasta Asunción y Pablo Ayala, del equipo logístico de la Expedición, que ya ha logrado, como cada vez, hacerse querer por todos en una tarea a veces ingrata, nos acompaña también hasta el final.

A esta altura, las líneas de espacio y tiempo se cruzan, se difuminan, y si Barranqueras, donde debíamos haber llegado el domingo y donde llegaremos el lunes a la tardecita, parece cada vez más lejos, un puerto inalcanzable, Asunción, aun a siete días de marcha parece que queda acá nomás, según puede verse en las caras de algunos expedicionarios que ya entreven la melancolía futura cuando, por ejemplo, esa barranca alta de Corrientes que se ve a estribor con una rayita de playa que recibe las humildes olas que va echando el Paraguay a su paso sean un recuerdo difuso, la imagen de un entresueño que nadie sabrá si tuvo mientras dormía o cuando estaba despierto.

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