viernes, 19 de marzo de 2010

Paraná Ra´anga IX

Llegamos a La Paz como gateando. La persistencia del viento norte nos hizo navegar desde el amanecer a un promedio de 1,5 kilómetros por hora, de modo de que la llegada, prevista para las 9 de la mañana, se retrasaba según pasaban las horas. Al mediodía, finalmente, amarramos en el puerto. Nos esperaba una columna de alumnos de la escuela primaria, una banda que interpretaba aires tiroleses, gente suelta atraída por la impactante presencia del Paraguay y buena parte del gabinete del gobierno municipal que venía a recibirnos a nosotros y a su jefe, Francisco Nogueira, que había subido al barco en Paraná. “Me estoy acostumbrando a las recepciones y a los intendentes, dijo Oscar Edelstein: me estoy volviendo un artista plástico”. Notoriamente, como prueba de la buena convivencia entre los expedicionarios o porque sintieron que la broma no los alcanzaba, los artistas visuales –según preferimos llamarlos nosotros- festejaron la ocurrencia del compositor paceño, criado en Paraná y residente en Buenos Aires adonde llegó hace muchos años con una carta de recomendación para Juan Carlos Paz firmada por Juanele Ortiz. El hecho de que Paz estuviese muerto cuando llegó Edelstein a Buenos Aires, con una carta entonces sin destinatario, promovió, muchos años después, la composición de una obra, El hecho, cuyo asunto, es, justamente, el fantasma de Paz: de eso y de otras cosas había hablado Edelstein en Paraná, en una clase magistral que dio en el teatro Tres de febrero la última tarde antes de zarpar.

En La Paz conocimos museos, ferias de artesanos, la extraordinaria – y victoriosa- lucha social y civil que llevaron adelante paceños y santafesinos de San Javier contra el proyecto de la represa del Paraná Medio y también, un poco de costado, la historia de los hermanos Kennedy –“los Kennedy del sur” los llama en su novela Daniel González Rebolledo- tres partidarios paceños del partido Radical que en 1932 participaban de una alzada nacional contra la dictadura del general Uriburu. El hecho es que los radicales, ante la falta de apoyo, suspenden el levantamiento, los Kennedy no se enteran y se levantan igual. Perseguidos por el gobierno nacional, bien baqueanos, se esconden en las islas, esas mismas que estamos viendo ahora desde las barrancas altas, en las termas, y terminan escapando al Uruguay. Más tarde, bajo la sombra de una arboleda, Jorge Fandermole –que a bordo, sentado en cualquier parte, anota cosas mientras conversa con Mito Sequera pues, nos dicen, está componiendo su primer disco en guaraní (y, agrega Sequera a la versión, “vieras qué bien que pronuncia, che”)- interpreta algunos temas suyos –no falta, a pedido del público, el Cristo de los pescadores- y, como una devolución a los amables paceños, “Peoncito de estancia”, uno bien lindo de Linares Cardozo, el gran compositor de La Paz de quien Liliana Herrero, cuando nos íbamos de Rosario, había hecho “Canción de cuna costera”, ese que empieza “Gurisito costero, duérmase”. Después de Fander, tocó un trío chamamecero y el Chino, a la sazón director de cultura de La Paz, se le animó también a la guitarra y a sumariar una historia de la chamarrita, un subgénero litoraleño cuyo ritmo, dijo, citando a Cardozo, es el del trote del caballo cuando va sin bridas. Así nos fuimos de La Paz, a las siete de la tarde del miércoles 17 de marzo de 2010.

2 comentarios:

  1. Que grande,espero que vuelvan.Un abrazo.

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  2. impresionante Prieto, Edelstein de vuelta en Su la paz, yo tengo los discos de Oscar y pienso que es sencillamente uno de esos que están tocados por la vara del genio, que alegría saber que se reconoce paceño, es un orgullo para nosotros, músicos también.

    Victor Maldonado Uriarte

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