sábado, 13 de marzo de 2010

Paraná ra'anga IV

Tal vez el miércoles a la noche, cuando estábamos listos para zarpar, con los bolsos y valijas cerrados, e imprevistamente nos avisaron que no, que aun Prefectura no levantaba la interdicción sobre el barco, terminó de templarse el espíritu de la tripulación. Preferimos no ir a la cena en la parrilla Norte, temerosos, como sucedió finalmente, de que la conversación volviera una y otra vez sobre el mismo asunto: ¿sería que en efecto el barco había llegado en condiciones no aptas para navegar, o sería que Prefectura, con su poder imperial sobre el río, tensaba la cuerda, marcaba la cancha de la expedición? Tal vez la travesía termine sin que sepamos la verdad compleja en tanto, como es de prever, las partes se atribuyen la razón, y suman, entonces, encono con la contraparte. El jueves, precisamente, lo empezamos en Prefectura, delegación local. De 32 faltas con que había llegado el barco al puerto de Rosario, ya había levantado 29. Faltaban 3, dos de las cuales se resolvían en el mercado. La tercera, en cambio… Al mediodía nos fuimos a El Obrador, un centro cultural que queda en Rouillon al 4200, junto a uno de los tres barrios toba de Rosario. Ya saben, habíamos comprado los sombreros de la expedición al maestro sombrerero toba Juan Acosta, queríamos conocerlo a Arsenio, ver el singular proceso de transculturación de los toba en Rosario, manifiesto sobre todo en el paulatino proceso de colorización de sus búhos y lechuzas de barro y queríamos, también, ver y acompañar la valiente tarea de integración que llevan adelante desde el centro, mancomunadamente, las secretarías de Cultura y Promoción Social de la Municipalidad de Rosario. El compromiso de Coco Bedoya en volver a El Obrador a dar cursos de serigrafía y el de Claudia Tchira de vincularse con sus diseñadoras pueden anotarse en la lista de resultados imprevistos o no esperados, pero ambicionados de la visita. Y, a cuenta de todo lo pendiente que haremos en el viaje, como si este fuera a ser infinito, una discusión interdisciplinaria sobre los límites difusos ente política social, política cultural y arte. Cuando volvíamos de El Obrador e íbamos a la inauguración de la exposición de Juan Pablo Renzi, el panorama en el puerto no mejoraba. Ahora Prefectura reclamaba que viniera un prefecto desde el Paraguay, bandera del barco en el que haríamos la expedición. ¿Venir?, pregunté. ¿A esta altura de la comunicaciones? Venir, me contestaron los imperiales. Cuando cerraba el concierto fluvial de Liliana Herrero, cuyo último tema, de Jorge Fandermole, había empezado y terminado con esos hermosos versos de Juanele “me atravesaba un río, me atravesaba un río”, ya quedaban 25 horas para la partida del barco y tal vez no fuéramos a partir. Así, francamente, nadie hubiera podido dormir. Nosotros tampoco. El viernes a la mañana nos dicen que el prefecto paraguayo está en camino, y que si firma la recategorización de algo que no entendemos, la Argentina acompaña y el barco se va. Con ese extremadamente moderado optimismo nos vamos a Puerto Gaboto a recorrer las excavaciones que un grupo de arqueólogos e historiadores de la provincia de Santa Fe están haciendo en el finalmente encontrado lugar donde estuvo efectivamente el fuerte de Sancti Spiritus, primer asentamiento europeo en el Río de la Plata. Cuesta relacionar el tamaño del descubrimiento con la precariedad de los recursos con el que fue hecho. Ojalá, pensamos, que el poder comunicativo de la expedición, que ya va demostrando que lo tiene, logre que el 98% que aun falta excavar de los fondos de la casa de la señora R se realice con los medios que nuestros avezados arqueólogos aun no tienen. Miramos de reojo al corresponsal de la agencia EFE, que toma notas y graba con una camarita de video. Imploramos por su capacidad descriptiva: visto la magnitud de la cosa, con eso bastará. De vuelta a la ciudad, el panorama en el puerto empeora. Paraguay firmó, pero la Argentina parece que no piensa hacerlo inmediatamente. “Llamaron a otro inspector de Buenos Aires”. Desde el barco me dicen “nosotros no podemos hacer más nada”. El inspector que viene de Buenos Aires ya está en San Nicolás. En una hora se hace en la Fluvial el acto de despedida de la expedición. Por lo pronto, se hará sin barco. Decidimos que la expedición se hace de todos modos, aun sin barco. Por tierra, en lancha, como se pueda y siempre siguiendo el camino del río. Con ese espíritu encontrado, entre la fuerza de la decisión reciente y la desazón por eso que no va a poder ser, vamos a la Fluvial. Ya llegó el gobernador, ya llegan el intendente y el cónsul, los expedicionarios y becarios que aun no conocen las nuevas, pero que ya han aprendido a leer en nuestra cara el estado de situación, que esde hace una semana nunca es del todo bueno, esperan acodados en el muelle el desarrollo de los acontecimientos. En eso, llega nuestro compañero Alejandro Jurado, de Aula Río, con quien hemos venido llevando el asunto en los últimos días, cuando el sueño empezó a virar a malestar y a mala espina. Jurado nos dice “ya está”. Y entonces, finalmente, puedo decirles a los expedicionarios “nos vamos”. A las diez de la noche del viernes 12 de marzo empezamos a embarcar, tres horas más tarde empieza a moverse la embarcación. Próximo destino: Santa Fe.

2 comentarios:

  1. ¡Menos mal! Los imagino saludando al zarpar con los sombreros del maestro sombrerero toba en alto. Buenaventura.

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  2. Bueno qué suerte, Martín. Qué tal ahora en el río. Acá esperamos tus noticias. Para cuándo subes alguna foto de Facundo?

    Saludos a todos los expedicionarios

    Cristina Civale

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