Un correo informa de la muerte de Miren Eraso. La conocimos en Donostia, hace dos años, cuando en una reunión de directores de Centros culturales de España nos llevaron a conocer Arteleku, el extraordinario Centro cultural y residencia de artistas que Miren dirigía entonces, después de haber sido responsable de su área de documentación y editora de la revista Zehar, que publicaba el mismo Centro. Nos gustaba Miren: su claridad conceptual, sus ideas. El año pasado, en Sao Paulo, Miren fue invitada a participar en un encuentro de una red de residencias de artistas promovida por el Centro Cultural de España en esa ciudad y allí se establecieron vínculos importantes con nuestra ciudad: con la residencia El Levante y con este mismo Centro cultural, y juntos la invitamos a Miren a Rosario a que viniera, en octubre, a trabajar con los amigos de El Levante y dar una charla aquí, en nuestro Túnel 4: El efecto Guggenheim: Bilbao, New York, Bilbao. Había, en Miren, algo de resistente a los mega-proyectos culturales, a esas "historias de seducción" entre la economía y la política en las que la cultura sólo terminaba poniendo la ropa de cama. Con ese recelo, hace dos años, en Donostia, miraba el levantamiento del proyecto de La Tabacalera, en su misma ciudad, y los devastadores efectos que, Miren pensaba, eso podría traer a proyectos más pequeños, más hechos con el cuerpo, como era el caso de Arteleku. Sobre esas cosas hablamos aquí arriba, en la Videoteca, una mañana de octubre, después de que nos contara, con ese calmo entusiasmo que parecía ser su marca de acción, su nuevo trabajo en Vitoria y el proyecto editorial VIVA que, pensaba ella entonces, podía empezar desde acá, desde Rosario.
Miren Eraso nació en Donostia, tenía 49 años y era licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, con una especialización en gestión documental en la Pompeu Fabra.
La vamos a extrañar.
