martes, 21 de julio de 2009

Siete horas

El martes pasado a la tarde llamó Edgardo Pérez Castillo, de Rosario 12, para hacer una nota sobre las valijitas culturales. Con Edgardo, que es un tipo extraordinario, hay que hablar como si escribieras, porque realiza un tipo de periodismo hiperrealista: no se detiene en interpretar al interlocutor y menos aun en mejorarle la prosa oral -siempre distraída y un poco disléxica- sino que transcribe directamente lo que decís. Ojo, entonces, con la verba. El miércoles salió la nota y ya a las ocho de la mañana llamaron de la televisión, diciendo que iban a mandar un móvil para hacer una nota sobre las valijitas. A las 9, cuando abre el Centro, ya había una pequeña cola de diez o doce personas (un público con aspecto Facebook, o Rosario 12). La mañana transcurrió medianamente tranquila, sino fuera por las radios y la tele, que iban rebotando la nota de Edgardo. Y cuando finalmente en los noticieros del mediodía dieron la buena nueva, el Centro explotó. Pablo, que desde el mediodía amenazaba con irse, cada vez que llegaba al pie de las escalinatas y veía que llegaba otra oleada de gente, volvía a acompañar a Felicitas y a Virginia, que se prodigaban en Galerías y en Administración repartiendo "una por familia" -y tratando de distinguir las diversas trampas de las familias, que trataban de disolverse como tales para llevarse más de una bolsa y reconstituirse unos minutos después. A las cuatro de la tarde se fue la última valijita. Habrá que ver, ahora, cómo funcionaron esas animaciones, esos poemas, esas canciones, esas crónicas, esas ilustraciones, en las cabezas y en los corazones de cada cual.

viernes, 10 de julio de 2009

La valijita cultural

Después de la dolorosa decisión de suspender nuestras actividades de julio, cuando julio, justamente, avizoraba la concreción de muchos de nuestros máximos deseos del año -el estreno de Comedia sin título, de Federico García Lorca, dirigida por Matías Martínez, la llegada de Néstor Marconi, el programa Vacaciones en la luna-, Pancho Marchiaro, el director del Centro España-Córdoba llamó para contarnos una idea luminosa en la que estaban trabajando y que, dijo él, con su habitual generosidad, podíamos usar como quisiéramos. De esa idea original, procesada por todo el equipo de programación de nuestro Centro cultural, surgió la Valijita cultural para compartir en casa: ya que la circunstancia manda quedarse en casa, pero nada indica que debemos dejar de leer, de escuchar música, de ver películas, decidimos invertir el movimiento del encuentro habitual con nuestro público, y en vez de esperarlos, como siempre, en casa, decidimos invitarnos a las de ustedes, a través de una valijita en cuyo contenido privilegiamos a los artistas de la ciudad y a las industrias culturales locales. Siete episodios de Cabeza de ratón, el programa de la Escuela de Animadores y del Centro Audiovisual Rosario, entrevistas a Juan L.Ortiz, poemas de Beatriz Vignoli, crónicas de D.G.Helder, Cecilia Muruaga y Enrique Carné, relatos de Osvaldo Aguirre y de B.Velmiro Ayala Gauna, discos de Carlos Casazza, Adrián Abonizzio, Juancho Perone, Gerardo Gandini, Paula Shocron: cosas así viajan en nuestro valijita, que podrá ser retirada desde el miércoles 15, de 9 a 20, en nuestro Centro cultural y en el Centro de Distrito Municipal Oeste Felipe Moré.

Entretanto, Galerías abiertas con Gerhard Ritcher y los Cuentos ilustrados de Silvia Lenardón, Mariano Grassi y Pablo Cabrera.

miércoles, 1 de julio de 2009

Ojo

En La peste, la extraordinaria novela de Albert Camus, vuelta a leer en estos días, un poco azuzados por la circunstancia, vemos que cuando el doctor Bernard Rieux sale de su habitación, se encuentra con una rata muerta y advierte al portero sobre el macabro hallazgo, éste le contesta simplemente: en la casa no hay ratas. En un golpe de efecto que no es característico del estilo de Camus, y es eso lo que lo vuelve notable en la novela, el portero es el primero en morir por la peste de Orán. Y entonces, ojo, si alguien nos dice que ha visto una rata muerta en el descanso del primer piso, no digamos que en casa no hay ratas.