miércoles, 9 de septiembre de 2009

García Lorca

"Gladys Elena Rímini. 1956" Así estaba escrito en la primera página de la edición de Aguilar de las Obras completas de Federico García Lorca que había en la biblioteca de mi casa, y de esa edición leí los primeros poemas que leí de Lorca, sus primeras obras de teatro. Después, sería el 72 o el 73, fui a ver a un teatro de Buenos Aires Bodas de sangre, con Antonio Gades y Cristina Hoyos, llevado por mi tía Betti. Después volví a verla acá en Rosario, en el teatro La Comedia: 1980. Eso me confirmó Gaby Morales, quien también vio esa función de Bodas y quien, como yo, se quedó sobre la cortada para ver la salida de los artistas. Ella, según me dijo, llegó a conversar con Gades, o a darle un beso. Yo me conformé con saber que se podía ser petiso y ser genial. Con Lorca volví a encontrarme muchos años más tarde, cuando Vivi Tellas me llamó para hacer una versión de La casa de Bernarda Alba en el San Martín. Pude leer a Lorca con un lápiz en la mano, tratando de aflojar el extrañamiento que no estaba en el original y que podría provocar la obra en un espectador argentino contemporáneo: sacarle los "gañán" y poca cosa más. Y ver, muy de cerca, algo excepcional para quien no forma parte del mundo del espectáculo: cómo una obra se vuelve una representación. Por eso, apenas comenzamos a conversar con Matías Martínez, el año pasado, para pensar en la posibilidad de montar en nuestro teatro, producida por este Centro cultural, una obra dirigida por él que debía contar con una sola condición externa -haber sido escrita por autor español- y Matías me dijo que ese autor sería finalmente García Lorca, sentí que algo del orden de lo íntimo, de lo personal, iba a jugarse cuando se pusiera finalmente aquí la Comedia sin título. El viernes 4 estrenamos. No me toca jugar el rol del crítico en esta oportunidad, solo decirles que Martínez y su elenco vienen a decirnos, otra vez, que Lorca está invicto y que aun en sus obras no imantadas por el prestigio de la popularidad, sigue siendo un autor extraordinario, de esos a los que aun cuando les pedimos todo, nos dan algo más.

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