lunes, 23 de marzo de 2009

Bienvenidos a la luna II

Ahora parece que fue Thomas Harriot, un inglés aficionado a la astronomía, el primer cartógrafo de la Luna, según sostiene el entusiasta historiador Allan Chapman, quien agrega que como Harriot era rico y modesto a la vez, no se entretuvo en dar a conocer sus bocetos lunares como sí hizo el pobre italiano Galileo Galilei, a quien se le atribuye entonces haber sido el primero en hacer un uso astronómico del telescopio, siendo sus dibujos lunares, firmados cuatro meses más tarde de los que habría registrado Harriot, los primeros que se conocieron y que le valieron, 398 años después, un tardío homenaje –como todos los que recibió, por otra parte– de parte de las Naciones Unidas, que en su sesión del 20 de diciembre de 2007, declaró al 2009, en honor de Galileo y de su invención, año internacional de la astronomía.

El 09, también, supone otra efeméride lunar: la de los 40 años de la llegada de la misión Apolo a la Luna. “¡¡¡Y puso el pie en la Luna!!!” decía el relator , como si fuese un partido de fútbol, la definición de un partido de fútbol, todos reunidos alrededor de un aparato de radio, la noche del 20 de julio de 1969, en un campamento de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Oliveros, provincia de Santa Fe. Pero no, no voy a detenerme ahora en la tristeza de esos campamentos; o por lo menos, y para ser preciso, en la tristeza que esos campamentos me causaban a mí, entonces, abandonado, creía yo, por mis padres para siempre, y rodeado de un montón de chicos y muchachos que parecían felices en el mismo lugar en el que mí se me representaba el infierno. El profesor, ya ven: me detuve, se llamaba Jerry, y contrariamente a esa virilidad tan propia del promedio de los profesores de gimnasia, como se conocía entonces a la educación física, parecía haber visto, él también, alguna vez, el pozo negro de la melancolía y entonces, cada tanto, con una caricia o una palmeada en el hombro trataba de sumarme al partido de fútbol que yo no sabía jugar, a la copa del árbol que yo no sabía trepar, a los juegos de bromas lingüísticas que yo directamente no entendía. Expulsado del mundo, con un buzo de color amarillo que me había traído mi tía de Venezuela y cuyo uso debió, previamente al viaje a Oliveros, ser autorizado administrativamente por las autoridades del club, pues la norma, dictada en esos papeles mimeografiados que decían “tres pares de medias”, “botas de lluvia”, “dos pijamas” indicaba que el buzo debía de ser blanco o azul, yo en vez de mirar la radio, miraba la Luna. Y en la Luna, en vez de ver la ínfima silueta de Neil Alden Armstrong dando su paseo lunar, como pensé que tal vez pudiera ver, veía la cara de mi mamá.

Perdón, queridos lectores, por la confianza: pero no es posible hablar de la Luna institucional –la del año internacional, la de la efeméride– sin hablar a su vez de la Luna íntima, pues si esta especie de impostado cumpleaños de la Luna nos importa es porque de algún modo es como si fuese el cumpleaños de algo vinculado a nuestra más íntima intimidad. Y no es posible hablar de la Luna íntima sin hablar de la Luna de los artistas, pues la imagen que tenemos de la Luna no es solamente la de la Luna que vemos, sino de una que está rodeada del aura de todas las lunas musicales, poéticas, visuales, de todos los artistas que alunizaron alguna vez. Y no es posible hablar de la Luna de los artistas sin hablar de la Luna de los científicos pues a cada paso de la ciencia lunar, uno nuevo en la fantasía. Y no es posible hablar de la Luna científica sin hablar de la Luna política: de la Luna como botín. Y si la historia contemporánea señala que la Unión Soviética cayó en 1989, la historia del futuro, menos atenta a la minucia, verá que cayó, en verdad, el 20 de julio de veinte años antes, cuando Armstrong, como decía el relator de la radio de Oliveros, “puso el pie en la Luna” y en el mismo movimiento –y tal vez por eso ese tono de “definición” que le daba el locutor a la cosa– le daba a los Estados Unidos una victoria inapelable en la sordidez de la guerra fría.

De un poco de todo eso hablará el ciclo Bienvenidos a la luna, que se presenta el 28 de marzo en nuestro Centro cultural. Bienvenidos a la Luna, bienvenidos a la inspiración artística y a la sartén de teflón, bienvenidos al espionaje y a las grandes películas, bienvenidos a Galileo y bienvenidos a los recuerdos de cada cual.

1 comentario:

  1. ¡Bienvenidos a la Luna! Mucha suerte en la presentación del T6. Saludos desde la ciudad H.

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