sábado, 28 de febrero de 2009

Luna nueva

Desde que los hombres plantaron banderas
chillonas sobre su secreta geología
y enviaron cámaras para explorar todos sus rincones,
la luna se ha vuelto lesbiana;

ahora se la ve más brillante en su hambre de mujer
y con toda determinación ha hecho de la Vía Láctea
su amante: la tierra ya no le interesa.

Mucho mejor que derramar su brillo pálido
espejo de cortesanos que se miran embobados
y aquel poeta acongojado que sufría
por su amor no correspondido por fin se liberó.

Estos versos de Alan Sillitoe (Inglaterra, 1928), traducidos por Mirta Rosenberg, son parte de la selección de poemas sobre la luna que hicieron Liliana García Carril y Rosenberg para el número 6 de Transatlántico, dedicado por entero a la actividad anual del Centro Cultural Parque de España/AECID “Bienvenidos a la luna”.

1 comentario:

  1. Huella de buril del platero,
    Sobre el yunque infinito.
    Brilla, como labio de Safo,
    sobre cuchillos fornicadores
    que viven en una suerte
    de la siega ritual.
    Tibia gota de leche,
    en la garganta del niño.
    Moneda nativa sin cambio,
    desde la oscuridad nos habla.
    Pecho,
    coraza,
    ningún conocimiento.
    Tu medida nos rompe,
    el cuello nos quiebra.
    Ser, es carencia en el frío,
    deseando babee la crema de sentidos.
    Sollozo,
    remolino,
    ojo de Dios dormitándose…
    Que mi intrusión, como una pisada,
    no inquiete tus cenizas…
    LUNA

    A modo de colaboración.
    Saludos.
    Ricardo Salgado

    ResponderEliminar